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01 marzo 2013

CRECIMIENTO TERRITORIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS A TRAVÉS DE SU CARTOGRAFÍA (PARTE IV)


4. El siglo XIX: el siglo de las compras y las cesiones territoriales

Como se comentó en el anterior apartado los franceses pactan la cesión de Luisiana a España junto con su capital Nueva Orleans en 1763 con el Tratado de París, la región será recuperada en 1800 por Napoleón con el Tratado de San Ildefonso. Transcurrido un trienio desde que Francia volviera a hacerse cargo del territorio regado por el Mississippi y durante la presidencia de Thomas Jefferson (1743-1826), tercer presidente de la nueva nación de los EE.UU, se produce la adquisición de Luisiana a Francia en 1803 a un precio de siete centavos por hectárea o un total de 15 millones de dólares americanos (80 millones de francos franceses). Dentro de la historia universal supone uno de los eventos más importantes ya que supuso abrir el acceso al Océano Pacífico para los EE.UU y territorialmente se reflejó en el aumento de 2.144.476 km2 (22% del total de los EE.UU actuales). Jefferson temía que el control de españoles y franceses del puerto de Nueva Orleans pudiera generar bloqueos para sus comerciantes.

La Luisiana de 1803 engloba en la actualidad los territorios de los actuales estados de Arkansas, Misuri, Iowa, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Minnesota al sur del río Mississippi, gran parte de Dakota del Norte, casi la totalidad de Dakota del Sur, el noreste de Nuevo México, el norte de Texas, una sección de Montana, Wyoming, Colorado al este de la divisoria continental, y Luisiana a ambos lados del río Mississippi, incluyendo la ciudad de Nueva Orleans. Además, la compra comprendía partes de las provincias actuales de Alberta y Saskatchewan, en el actual Canadá.

En 1814 se publica un mapa realizado por Mathew Carey (1760-1839) que de manera específica,  muestra un mapa de la región de Luisiana antes de que empezara a dividirse en los estados que acabarían componiendo este histórico espacio de conflicto franco-británico durante buena parte del siglo XVIII. Carey, nacido en Irlanda, destacó más por su trabajo como editor y político que no como cartógrafo, de hecho ha sido imposible (por el momento) encontrar referencia alguna sobre Carey en este sentido, pero lo cierto es que la extensión de publicaciones relacionadas con la geografía y la cartografía es de mención por parte de este autor. Carey se vio obligado a abandonar su Irlanda natal precisamente por las publicaciones que allí llevaba a cabo con periódicos de cariz nacionalista. Conoció a Benjamin Franklin en París durante su exilio de 1779, trabajando en la oficina de imprenta de la embajada americana. Ya en septiembre de 1784 se exilia de manera definitiva a los Estados Unidos, más concretamente a Philadelphia (hasta 1800 capital de la Unión) donde comienza de nuevo a trabajar con la publicación y edición de revistas, gacetas, etc.
Todavía lejos del nacimiento de la geografía regional francesa, Carey se dedica a publicar una serie de atlas divididos por estados, con cartografía regional que en el caso que interesa muestra la región de Louisiana ya bajo el dominio estadounidense (no se trata del total adquirido en 1803 sino de lo que hoy sería el actual estado). Este mapa de 1814 (mapa 6) se publicó en la obra Carey's General atlas of the world and quarters. Se trata de una publicación que por primera vez emplea colores verdaderos en series de mapas regrabados. A parte del hecho de que se trata de un mapa regional o de una región en concreto, y de que se puede observar Luisiana una década después de su compra, el mapa de Carey no presenta mayores novedades con respecto a otras publicaciones cartográficas de la época. Si que se puede destacar, si se observan las coordenadas que ofrece el mapa, que los meridianos de referencia son dos: en la parte superior del mapa se usa el meridiano de Philadelphia mientras que la parte inferior el meridiano de Greenwich en Londres.

Mapa 6.- Autor: Mathew Carey (1760-1839). Año de publicación: 1814. Título: Lousiana incluido en la obra Carey's General atlas of the world and quarters. Mapa nº26.  Dimensiones: 45 x 31 cm. Meridiano referencia: Greenwich (Londres) y Philadelphia (Pennsylvania). Escala: 1: 1.260.000 (escala gráfica en millas [1 milla= 1,609344 km = 0,3 leguas = 1.760 yardas = 5.280 pies]) Longitudinalmente desde 14º-19º W de Philadelphia y desde 89º-94º W de Londres. Latitudinalmente desde 29º-33º N.



Toponímicamente hablando, este mapa de Carey nos muestra algunos nombres de futuras parroquias (división administrativa de Louisiana, uno de los pocos estados que no usa los condados para tal fin) del actual estado de Louisiana, como la parroquia de Lafourche, la de Orleans, la de Acadia, la de Iberville, la de Point Coupée, la de Avoyelles, la de Concordia y la de Natchitoches. Todas ellos incluidas como una de las trece originarias parroquias definidas en el Consejo Territorial Legislativo de 1803.
En definitiva este mapa de M. Carey es un claro ejemplo del rápido crecimiento territorial que estaba sufriendo los Estados Unidos de América a principios del siglo XIX. Además de mostrar el estado de Louisiana establecido en 1812, permite observar los límites con el territorio de Missouri al norte de Lousiana y ocupando casi todo el centro de los EE.UU, así como la frontera con las posesiones que todavía poseían los españoles en el oeste. Por el este colinda con el territorio de Mississippi que se consolidaría como estado en 1817.

Como se ha comentado ya, con el Tratado de París del 63 España cede a Inglaterra Florida, no obstante, en 1779, y de la mano de Bernardo de Gálvez, gobernador español de La Luisiana, se reconquista la Florida occidental y en 1781 la oriental, que era como estaba dividida bajo dominio inglés. Ya en el siglo XIX, se acuerda en 1819 mediante el Tratado Adams-Onís (antiguamente titulado Tratado de amistad, arreglo de diferencias y límites entre su Majestad Católica y los Estados Unidos de América), fijar las fronteras entre los EE.UU y el virreinato de Nueva España de manera que ambas Floridas son cedidas de ipso facto a los Estados Unidos. La frontera se fijó más allá del río Sabina y Arkansas hasta el paralelo 42°. Territorialmente, para Estados Unidos supuso un crecimiento hasta el territorio de Oregón, el cual todavía seguía disputado entre británicos, rusos y los propios estadounidenses, por tanto queda configurado con los estados ya formados del este en su gran mayoría, el territorio de Missouri en manos de los EE.UU pero sin la escisión en estados y el territorio de Oregón, además del virreinato de Nueva España ocupando la región sudoccidental del subcontinente.

Para reflejar las consecuencias territoriales del Tratado firmado por Luís de Onís y John Quincy Adams en 1819, existe un mapa de excelente factura realizado por James Hamilton Young y publicado por S. Augustus Mitchell en 1831. Existe poca información sobre el autor del mapa. Nació en Escocia en 1793 y emigró a los Estados Unidos en algún momento después del año 1800,  más tarde se convirtió en grabador jefe del destacado editor de mapas de Filadelfia, Samuel Augustus Mitchell. El mapa de Young y Mitchell (mapa 7), de increíble detalle, muestra un mapa de los Estados Unidos, además de incluir nueve mapas de menores dimensiones de los alrededores de Albany, alrededores de las Cataratas del Niágara, alrededores de Boston, alrededores de Nueva York, alrededores de Filadelfia, alrededores de Baltimore y Washington, alrededores de Charleston y alrededores de Nueva Orleans, y por último un mapa de todos los recientes descubrimientos geográficos de la época en Norteamérica. Los mapas de alrededores (Vicinity en inglés), presentan cada uno su propia escala gráfica en millas, mientras que el mapa que incluye toda Norteamérica presenta dos escalas gráficas, una en Statute Miles o millas comunes (equivalentes a 1,609344 km) y otra en Geographical Miles o millas geográficas (equivalentes a 1,8553 km). De la misma manera el mapa principal también presenta estas escalas.

Detalle 1.- Elemento del mapa de Young (1831) con las principales montañas, principales ríos y estadísticas de evolución de la población.

Además de los mapas secundarios de la obra de Young y Mitchell, se hallan repartidos por todo el mural cuadros con estadísticas de tipo demográfico y físico como por ejemplo el que se refleja en el detalle 1 de esta página. Otros como la tabla de principales canales de los Estados Unidos expresando las distancias en millas o la tabla con las distancias desde los canales Eire y Champlain de la esquina superior derecha. Asimismo, en el interior del mapa de todos los recientes descubrimientos geográficos de la época en Norteamérica aparece una tabla con estadísticas de población y datos de superficie de las Indias Occidentales y territorios británicos al norte de los EE.UU, también se mencionan las tribus indígenas, las posesiones rusas, México, Guatemala y Groenlandia.

Mapa 7.- Autor: James Hamilton Young (1793-18??). Editor: Samuel Augustus Mitchell (1792-1868) Año de publicación: 1831. Título: Map of United States incluyendo mapa secundario titulado A Map Of North America Including All The Recent Geographical Discoveries. Dimensiones: 114 x 90 cm. Meridiano referencia: Washington. Escala: 1: 2.914.560 (escala gráfica en millas [1 milla= 1,609344 km = 0,3 leguas = 1.760 yardas = 5.280 pies] y millas geográficas [1 milla = 1,8553 km]) Longitudinalmente desde 0º-16º W y 0º-7º E. Latitudinalmente desde 23º-50º N.

En cuanto al significado territorial del mapa de Young y Mitchell, el mapa principal muestra 27 de los 50 estados actuales todos situados en la parte oriental o lo que es lo mismo: el territorio original que correspondería con las trece coloniales iniciales. Esto supone con respecto al mapa de Carver de 1781 aumentar en un 18% el territorio de la nación estadounidense (siempre teniendo como referencia el 100% actual), es decir, el 27% del total actual.

El mapa secundario (…Recent Geographical Discoveries.) permite comprobar la situación del resto del subcontinente, donde en 1831 el virreinato de Nueva España había pasado a manos del pueblo mexicano con la guerra de independencia mexicana concluida en 1821 y que reflejan Young y Mitchell, así como también el territorio de Missouri y el territorio de Oregón todavía sin claras expectativas de erigirse como estados o dividirse en más de éstos. Este mapa secundario muestra también los territorios todavía bajo dominio británico, sobre  todo dominios del actual Canadá que no llegaría a hacerse de forma plena con su autonomía jurídica hasta 1982. Por último aparece la posesión rusa de Alaska, en Centroamérica el país de Honduras y Panamá, en el Caribe las posesiones británicas y españolas.

Para acabar de analizar el mapa de Young y Mitchell, cabe destacar la presencia de una leyenda (Detalle 2) en el mapa, y no en los índices de Atlas como podía ocurrir con anterioridad. La leyenda (Explanation) explicita las siguientes categorías con sus respectivos símbolos o marcas identificativas: capitales, ciudades condado, canales (y futuros canales), ferrocarriles (y futuras líneas) y carreteras principales y comunes (indica que las cifras sobre las líneas de carretera indican la distancia en millas de un lugar a otro).

Detalle 2.- Detalle de la leyenda que acompaña al mapa mural de Young y Mitchell de 1831.


Siguiendo con los acontecimientos que marcan el crecimiento territorial de los EE.UU. en este siglo XIX, hay que parar en 1836 para analizar el caso de Texas. En este año y todavía bajo el dominio mexicano, un grupo de habitantes se sublevan y establecen la República Independiente de Texas como primer paso para fusionarse con los E.U.A, lo que facilitó que en 1845 fuera aceptada como el vigésimo octavo estado. De hecho, tras ese establecimiento de Texas como República independiente se escondían los planes expansionistas del gobierno estadounidense, el cual se enfrentaría a México en un período bélico que duraría desde el 24 de abril de 1846 hasta el 2 de febrero de 1848 cuando se firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo por el que México, pierde, cede y vende hasta el 55% de su territorio en aquellos momentos. Territorialmente supone que Estados Unidos ganaba las siguientes zonas: Texas, el territorio en disputa entre México y Texas que comprendía toda la tierra al norte del Río Bravo y los territorios conocidos como Alta California y Santa Fe de Nuevo México, apropiándose de lo que hoy son los Estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. En total 2,1 millones de km2 o casi el 22% del total del territorio que actualmente conforman los EE.UU.

Para reflejar este considerable incremento territorial me permito utilizar el mapa (mapa 8) realizado por el Barón Adolph Wilhelm August Friedrich von Steinwehr (1822-1877) durante la década de 1860. Se emplea este mapa por que permite matar dos pájaros de un tiro: por un lado es posible observar el crecimiento territorial, y por otro, se trata de un mapa temático sobre la esclavitud, tema que es de importancia vital para entender el progreso y evolución de la nación estadounidense sobre todo desde un punto de vista económico.

Echando la vista atrás tenemos que en 1619, año en que se fundó Jamestown, ya se vendían esclavos de origen africano; en 1641 Massachusetts es la primera colonia en legalizar la esclavitud; en 1694 se introduce el cultivo de arroz en Virginia aumentando considerablemente la importación de esclavos; en 1781 esclavos de Massachusetts consiguen su libertad tras demandar a su amo; en 1787 una  Ordenanza del Noroeste prohíbe la esclavitud; en 1837 Nueva York acoge el Primer Congreso Nacional para luchar contra la esclavitud; en 1862 el Congreso de los Estados Unidos abole la esclavitud; en 1865 se hace efectiva dicha abolición en todo el territorio.

Mapa 8.- Autor: Barón Adolph Wilhelm August Friedrich von Steinwehr (1822-1877). Año de publicación: 186?. Título: Map showing the distribution of slaves in the Southern States Dimensiones: 36 x 41 cm. Meridiano referencia: Greenwich (Londres). Escala: 1: 6.500.000 (sin escala gráfica) Longitudinalmente desde 74º-102º W. Latitudinalmente desde 24º-42º N.

El mapa de Steinwehr, coincide con la década en que es abolida la esclavitud, destaca por la relación que establece entre cultivos y estados esclavistas, así como por ofrecer estadísticas de población y superficie de dichos estados. Particularmente, la tabla estadística referida a población y superficie que aparece en la parte inferior del mapa, distingue entre estados esclavistas (un total de quince todos en el sur) y estados libres con un total de 19. Estos 34 estados ocupan una superficie de 1.163.066 millas cuadradas según en el mapa de Steinwehr para 1860 (Detalle 3), esto supone que ya está configurado un 31% del actual territorio estadounidense.

El mapa de Steinwehr presenta además bajo su título, una leyenda que explica las diferentes tonalidades de grises que se aprecian para los estados esclavistas. De esta manera, las diferentes tonalidades expresan porcentajes de población esclava con respecto al total de población de la zona en cuestión. Los porcentajes van desde menos del 10% de población esclava, entre 10-25%, entre 25-50%, entre 50-75% y más del 75%.

Otro elemento de importancia que aparece en el mapa de Steinwehr es un mapa secundario titulado Products of the Southern States no georreferenciado ni escalado, en el que se divide la parte sureste del país en distritos agrícolas, concretamente los distritos del arroz, del algodón y del azúcar. Esto permite relacionar los datos de población esclava con las plantaciones más importantes. También aparece un segundo mapa secundario de las Islas Británicas a la misma escala que el principal en el que se detallan superficies y población total y que no ofrece mayor relevancia.

Detalle 3.- Detalle del mapa de Steinwehr de la década de 1860. Tabla estadística de superficie y población de estados esclavistas y estados libres contabilizando la población libre y la esclava en el año 1860.

Tras la década de 1860 quedaban alrededor de una decena de estados por constituirse, la mayoría al noroeste. Sin embargo, lo más destacable de la década trae una nueva adquisición de compra por parte de los Estados Unidos. En el año 1867 los rusos venden el territorio de Alaska a los estadounidenses por la cantidad de 7,2 millones de dólares americanos. Sólo el territorio de Alaska supone un 16% del total de superficie actual del país. El Emperador ruso Alejandro II decidió vender Alaska ante la previsión de pérdida del territorio a manos de los británicos, además, Rusia se encontraba en una frágil situación financiera. El tratado de compra fue impulsado desde el gobierno norteamericano por William H. Seward (Secretario de Estado) y Charles Summer presidente del Comité para Relaciones Exteriores del Senado. Aunque la medida tomada no era nada popular, Seward y Summer entendían la compra como un movimiento geoestratégico a la vez que frenaba las aspiraciones expansivas de los británicos que ocupaban la región canadiense, en aquel contexto histórico americanos y rusos eran uña y carne contra británicos y franceses.

Para ir finalizando con este artículo se va a presentar el último mapa que muestra en su totalidad el territorio actual de los EE.UU. exceptuando las islas Hawaii (0,2% del total actual del territorio y fuera del continuo territorial en el subcontinente), que fueron anexadas en 1898 pero que no aparecerán cartográficamente hablando hasta el siglo XX. El mapa en cuestión se realizó en 1867 coincidiendo con el año de compra de Alaska y fue proyectado por Schonberg & Co., una empresa afincada en Nueva York dedicada a la impresión de obras cartográficas principalmente. El mapa está incorporado en  un atlas titulado Schonberg's Atlas of the United States and Canada with Mexico & the West Indies, se encuentra en la página 3 y presenta la región de Norteamérica en su totalidad.

Antes de empezar a analizar la obra de Schönberg cabe aclarar la situación político administrativa en la que se encuentran los EE.UU a finales del XIX. Antes de la compra de Alaska, que conllevará tener ya el 99,8% del total territorial actual, y tras la cesión-venta de Texas por parte de México, el territorio de Oregón pasará a ser estadounidense en 1848. Se han visto a lo largo del artículo algunos territorios (Mississippi, Louisiana, Florida, etc.) que fueron en un principio territorios reclamados por varios bandos y que finalmente decidieron unirse a los Estados Unidos o fueron adquiridos mediante compra o cesión. El territorio de Oregón (importante por su extensión) se corresponde con los actuales estados de Oregón, Washington y Idaho, así como también algunas zonas de Wyoming y Montana, es decir, casi un 7% del la superficie total del país, con la incorporación a la Unión por parte de Oregón y la posterior compra de Alaska podemos dar por concluida la configuración territorial de los EE.UU dentro del subcontinente norteamericano. A partir de 1870 quedará esperar tan sólo la constitución como estados de 13 territorios que acabará con la obtención por parte de Hawaii de la categoría de Estado en 1959.

El mapa de Schönberg (mapa 9)  muestra el resultado final de este crecimiento territorial de manera clara, a una escala elevada de poca resolución y con una cartografía muy general y de escasos detalles. Se trata del típico mapa físico por excelencia sin leyenda en el que se observan topónimos referidos a principales ciudades y principales accidentes geográficos como ríos, lagos, cadenas montañosas, estrechos, bahías, golfos, etc.
Alaska ya aparece como territorio estadounidense a la vez que se observa completamente configurado el territorio que comprende los EE.UU desde los 20 a los 40º Norte. Destacan algunos topónimos referidos a tribus de indígenas nativos que todavía tenían población y asentamientos permanentes como los Apaches, Navajoas y Moquis en la zona del Río Colorado, los Calapooia, Shoshones en la zona de Oregón, los Crow, Riccarees y Sioux en el centro norte o los Pawnee en la zona del  Río Missouri.

Teniendo en cuenta que el mapa coincide con el mismo año de compra de Alaska no son pocos los topónimos que aparecen en el mapa de Schönberg. Hay que tener en cuenta que hasta 1741, que fue cuando llegó el primer europeo a las costas de Alaska (Aleksei Chirikov, ruso), Alaska era desconocida para el viejo continente, de hecho ya se vio que el propio mapa de Jonathan Carver de 1781 (mapa 5) no representa la región noroccidental de Norteamérica. Esto no quiere decir que nadie hubiera cartografiado antes la zona de Alaska. Existe un mapa de la Academia Imperial de San Petersburgo de 1775 (Imagen 2) que proporciona un primer boceto de la costa del territorio correspondientes a la actual Alaska.

Imagen 2.- Porción del mapa realizado por la Academia Imperial de San Petersburgo en 1775 en el que se cartografía (desde el mar) la costa del territorio de Alaska.

Como última referencia al mapa de Schönberg decir que representa tanto las posesiones que el Imperio Británico conservaba al norte, así como las Indias Occidentales en el Caribe, México y Centroamérica.

Mapa 9.- Autor: Schönberg & Company. Año de publicación: 1867. Título: North America incluido en la página 3 del Schonberg's Atlas of the United States and Canada with Mexico & the West Indies. Dimensiones: 34 x 29 cm. Meridiano referencia: Greenwich (Londres) en la parte superior y Washington D.C en la inferior. Escala: 1: 2.300.000 (escala gráfica en millas [1 milla= 1,609344 km = 0,3 leguas = 1.760 yardas = 5.280 pies]) Longitudinalmente desde 21º-187º W desde Greenwich y desde 0º-50º W desde Washington. Latitudinalmente todo el hemisferio Norte. Proyección cilíndríca?.

22 agosto 2012

CRECIMIENTO TERRITORIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS A TRAVÉS DE SU CARTOGRAFÍA (PARTE III)


3. El siglo XVIII: guerras franco-británicas y guerra de la independencia

La llegada al poder de Guillermo III de Orange (reinó entre 1688-1703) en Inglaterra conlleva un vuelco considerable en la política diplomática inglesa. En la construcción del imperio colonial inglés estorbaba de manera creciente el poderío militar francés, aunque se combatió por todo el mundo, lo cierto es que en el subcontinente norteamericano fue donde las batallas fueron más encarnizadas, y cuanto más al norte del mismo con más crudeza se vivían los conflictos. Entre 1689 y 1763 se produjeron 4 grandes disputas bélicas. 

Ambos bandos se encontraban organizados de manera bien diferente, lo que de buen seguro fue una de las variables a tener en cuenta para que al final los franceses acabaran cediendo terreno. Éstos, tenían el apoyo de la mayoría de tribus indígenas del este del subcontinente y su ejército estaba muy centralizado, mientras que las colonias inglesas,  poco cooperadoras unas con otras, contaban con mayor número de efectivos y material así como con el apoyo de la metrópoli.

Una fecha clave de este siglo XVIII es 1754. La rivalidad colonial entre Francia y Gran Bretaña se debía al control de las zonas peleteras, la disputa por las tierras situadas al oeste de los montes Apalaches y los derechos de pesca en Terranova. Francia quería frenar la expansión inglesa hacia el oeste mediante la construcción de una cadena de fuertes entre sus territorios canadienses y Nueva Orleans. En los primeros años logró acumular varias victorias, pero en 1757, William Pitt (el Viejo) puso al general británico James Wolfe al mando de las tropas en América. Como consecuencia, en 1759 conquistaron Quebec y al año siguiente capituló Montreal. Los británicos habían conquistado todo el Canadá francés y de hecho acababan así con la supremacía francesa en el subcontinente hasta ese momento. En el período que va de 1754 a 1763 se produce la conocida Guerra de los Siete Años. El 10 de febrero del 63 en el Tratado de París, Francia se ve obligada a ceder a Inglaterra los territorios franceses de Canadá, los territorios al este del Mississippi y al oeste de los Montes Apalaches, además los ingleses reciben La Florida por parte de los españoles. Francia seguía conservando derechos de pesca en Terranova y la población francesa de Quebec tendría un trato de respeto. Como última debacle de los franceses pactan la cesión de Luisiana a España junto con su capital Nueva Orleans incluida, aunque será recuperada en 1800 por Napoleón con el Tratado de San Ildefonso.

Antes de que empiecen los movimientos coloniales para la independencia de las trece colonias, hay un mapa que muestra de manera bastante exacta la situación que se vivió durante la primera mitad del XVIII. Se trata del mapa de Henry Popple de 1733 (mapa 4) titulado “A map of the British Empire in America with the French and Spanish settlements adjacent thereto”. El mapa de Popple empieza a ser un buen indicador de la estructuración territorial que va adquiriendo poco a poco la parte oriental del subcontinente. Muestra, como indica el título, tanto los territorios bajo dominación británica así como los españoles y franceses. La representación cartográfica de Popple adquiere un alto grado de pictoricismo, de hecho el relieve, como en la mayoría de mapas antiguos se representa pictóricamente. Destacan las cuatro vistas que presenta (Cataratas del Niágara, México, Quebec y Nueva York), asimismo destacan los 18 planos de detalle de puertos como por ejemplo el de Nueva York, Boston o Annapolis cerca de Washington DC (que se fundaría en 1790). En cuanto a la toponimia y límites a destacar se tienen:

  •   Toponímicamente y novedad con respecto de los mapas mentados con anterioridad: siguiendo el litoral está New York (ya con la presente denominación), Albany (actual capital del estado de Nueva York), Maine, Maryland, New Jersey, Connecticut y Philadelphia en Pennsylvania; hacia el interior destaca la representación de los Grandes Lagos de entre los que el Illinois (nombre de un estado actual) es en realidad el actual Lago Michigan, topónimo que todavía no aparece en este mapa de Popple; Lousiana es el único nombre que identifica a un futuro estado en el área del Golfo de México; ya en el oeste destaca Nuevo México y al noroeste las fuentes del Mississippi (Heads of Mississipi) como anécdota, ya que no sería hasta 1832 que Henry Schoolcraft identificaría el Lago Itasca como lugar de nacimiento del río.
  •   En cuanto a fronteras o límites que empiezan a dibujarse vale la pena mencionar Florida, Georgia, South Carolina, North Carolina, Virginia (actualmente dividida en West Virginia y Virginia), Maryland, Delaware, New Jersey, Pennsylvania, New York, Connecticut, Massachusetts, Rhode Island, Maine y New Hampshire (tanto Maine como Florida no formarán parte de los primeros trece estados). Las fronteras delineadas en rojo del mapa de Popple están correctamente definidas para algunos estados mientras que sobre todo los del sureste presentan poca concreción.
Mapa 4.- Autor: Henry Popple (16??-1743). Año de publicación: 1733. Título del mapa: “A map of the British Empire in America with the French and Spanish settlements adjacent thereto” dentro de un Atlas compuesto de 20 mapas. Dimensiones: 25 x 19 cm. Meridiano referencia: Greenwich (Londres). Escala: 1: 3.000.000 (sin escala gráfica).  Longitudinalmente desde 47º-107º W. Latitudinalmente desde 5º-55º N.

Tras la repartición del subcontinente entre Inglaterra, Francia y España con el Tratado de París en 1763, llega el último tercio del siglo XVIII, en donde la figura del monarca británico Jorge III es fundamental a la hora de entender la Declaración de Independencia de las trece colonias. En 1765 Jorge III aumenta los impuestos ya que debido al conflicto bélico con los franceses el déficit público británico se duplicó. Desde Europa se pensaba que las colonias debían hacer frente en gran parte al problema económico, algunas leyes (como el Stamp Act) provocaron indignación y oposición entre los colonos, los cuales empezaron a crear sociedades secretas de carácter patriótico haciéndose llamar “Hijos de la Libertad”. Tras un largo tira y afloja entre la metrópoli y las colonias en 1770 se produce el primer incidente con muertos y de importancia en Boston, cuando tropas británicas abren fuego sobre una multitud hostil. Tras este acto, el gobierno británico decide eliminar todos los impuestos excepto el del té pero ya fue imposible calmar los ánimos e incluso está última Ley del Té provocó más indignación si es que cabía.


En 1774 se celebró el primer Congreso Continental desde el que se envió una petición formal al Rey Jorge III para que se repararan los agravios contra las colonias. El Rey no consideró tal petición y proclamó en rebelión a las colonias americanas, las cuales, en un segundo Congreso Continental en 1775 acuerdan resistir la agresión mediante la fuerza creando un ejército continental liderado por George Washington y apelar a una solución pacífica del conflicto. El 2 de julio de 1776 se declara la independencia de manera unilateral y dos días más tarde se adopta una declaración formal de principios redactada por Thomas Jefferson justificando tal acción.

Todo este conflicto acaba dando como resultado territorial el nacimiento de una nueva nación, los actuales Estados Unidos, eso sí, con sólo trece ex colonias que quedarán constituidas en trece estados en 1790 cuando Rhode Island sea admitida en la Unión. Estos trece estados supondrán en torno a un  9% (877.958 km2) del total del territorio actual de los EE.UU.

En 1781 se publica un mapa (mapa 5) de Jonathan Carver (1710-1780) acabado en 1778, dos años antes de su perecimiento, en el que se refleja esta nueva estructura de independencia de las trece colonias. Carver fue un explorador y escritor nacido en Massachusetts. Durante las batallas franco-británicas, en torno a 1755, estudió cartografía y tras aceptar una expedición patrocinada por Robert Rogers en 1766 para encontrar una ruta marítima al pacífico por el oeste, dejó una serie de mapas de los cuales se rescata para este artículo el titulado “A new map of North America: from latest discoveries, 1778” incluido en la obra denominada “Travels Through The Interior Parts Of North America”. El mapa de Carver en comparación con el de Popple es poco pictórico (sólo el relieve), sin vistas ni detalles de puertos, la escala es bastante mayor (1:17.000.000) y muestra toda la Norteamérica descubierta por los europeos hasta aquel entonces, de hecho la parte noroccidental no posee apenas detalle cartográfico.

El último mapa analizado en este artículo en el que aparecía la costa oeste era el de Sanson de 1650 (mapa 2). En comparación con el de Carver se observa que en este, California (Baja California) ya es tratada como un península o apéndice del continente por el suroeste. En este sentido en 1720 se publica un mapa titulado “La Californie ou Nouvelle Caroline” de Nicolas de Fer (1646-1720) en el que California es representado como una isla, realmente el mapa de Carver puede ser considerado como uno de los primeros mapas que representa California con bastante fidelidad con respecto a la realidad actual. Otras características a reseñar que presenta el mapa de Carver son:

  •   Toponímicamente hablando en la parte occidental aparecen los nombres de Kansez (referencia a Kansas) y Akansas (referente a Arkansas) ambos en la zona correspondiente a la Louisiana anterior al XIX, el Lago Michigan ya con su denominación actual, y finalmente en la zona correspondiente al este aparecen los topónimos de Albama (referencia a Alabama), New Hampshire con un territorio más extenso que en otros mapas, Ottawas (en la zona denominada como Canadá) y Toranto (dentro de los límites de Nueva York) en referencia a Toronto.
  •   En cuanto a límites se refiere se observan de manera muy clara y coloreadas las trece colonias que se independizarán en 1776, además de Florida dividida en oeste y este, Nuevo México abarcando mucha más superficie que en la actualidad, Louisiana de sur a norte, la provincia de Quebec, Canadá, Nueva Escocia, Labrador, Terranova e incluso la Isla de Groenlandia, con lo que la parte más oriental empieza a estar muy bien definida.
Mapa 5.- Autor: Jonathan Carver (1710-1780). Año de publicación: 1781 (finalizado en 1778). Título: A new map of North America : from latest discoveries publicado en Travels Through The Interior Parts Of North America.  Dimensiones: 32 x 36 cm. Meridiano referencia: Greenwich (Londres). Escala: 1: 17.000.000 (escala gráfica en 500 British Statute Miles, 69 to a Degree [= 3,15 cm en el mapa]) Longitudinalmente desde 45º-120º W. Latitudinalmente desde 20º-60º N.

04 junio 2012

CRECIMIENTO TERRITORIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS A TRAVÉS DE SU CARTOGRAFÍA (PARTE II)


2. Siglo XVII y las colonizaciones europeas

El primer asentamiento permanente que crearon los ingleses se localizó en Jamestown en el año 1607, hoy en el actual Estado de Virginia en la zona de la bahía de Chesapeake. Este primer desarrollo colonial fue una instalación de la Compañía de Virginia de Londres. Una sociedad anónima patrocinada por Jacobo I de Inglaterra con la finalidad de comerciar con aquellos territorios y colonizarlos.

En 1608 los franceses fundan Quebec, sin embargo esta no iba a ser su mayor proeza colonizadora. En los 75 años siguientes y de la mano de grandes exploradores como Jacques Marquette, Louis Jolliet y René Rober Cavalier de La Salle, los franceses se fueron expandiendo hacia el interior incluyendo territorios de todo el valle alto del Mississippi.

Los holandeses por su parte, de la mano de Henry Hudson, marinero inglés al servicio de la Compañía de las Indias Orientales, llegan en 1609 a la actual Bahía de Nueva York. Posteriormente los holandeses siguen enviando mercantes y establecen puestos comerciales en la Isla de Manhattan y alrededores de Albany en 1613-14. Ya en el año 1624 empiezan a establecerse colonos de forma permanente fundando al cabo de un año Nueva Ámsterdam dentro del territorio denominado Nueva Holanda.

En la década de 1620 los ingleses reanudan sus actividades colonizadoras y de exploración. Fundan la colonia de Plymouth en Massachusetts, punto de partida de la colonización de Nueva Inglaterra. En 1624 la corona británica se hace con el control de la colonia de Jamestown y en 1628 se funda la Massachussets Bay Company, colonia que se convertiría en provincia en 1691 fusionándose con la Plymouth Colony, la provincia de Maine, Nantucket, Martha’s Vineyard y Nueva Escocia. A partir de 1630 la zona correspondiente a la Massachusetts Bay Company sufrió la afluencia de en torno a 10.000 colonos puritanos. Ya en 1684, Jacobo II decretó la unificación de las colonias de Nueva York, Nueva Jersey y Nueva Inglaterra en un único dominio de Nueva Inglaterra. Este hecho es uno de los más importantes del momento para entender la rebelión que las colonias llevarán a cabo un siglo después para adquirir su propia autonomía.

Cartográficamente este siglo viene marcado por estas nuevas colonizaciones y exploraciones europeas. De hecho, los mapas y cartas reflejan mayoritariamente estos movimientos y nuevas adquisiciones y fundaciones coloniales. El primero que se destaca es el mapa de Nicolas Sanson de 1650 (Mapa 2, página 5). Este cartógrafo francés fue considerado erróneamente el fundador de la geografía francesa. Sanson destacó a temprana edad en el arte de hacer mapas, tanto es así que el Cardenal Richelieu lo recomienda como profesor de geografía para Luis XIV al que acaba enseñando dicha disciplina científica. Este mapa de Sanson titulado Amérique Septentrionale e incluido en la obra completa Cartes générales de toutes les parties du monde finalizada en 1658, muestra exclusivamente el subcontinente norteamericano con mayor detalle que el mapa ya analizado de Gutiérrez de 1562. El meridiano que toma se encuentra localizado en París, muestra la línea del Círculo Polar Ártico así como la del Trópico de Cáncer.

Mapa 2.- Autor: Nicolas Sanson (1600-1667). Año de publicación: 1650. Título del mapa: Amérique septentrionale incluido en la obra Cartes générales de toutes les parties du monde de 1658. Dimensiones: 39 x 55 cm. Meridiano referencia: París.  Escala: 1:21.000.000 (sin escala gráfica). Longitudinalmente desde 0º-30º E y desde 220-360º E (proyección estereográfica?). Latitudinalmente desde 10º-80º N.

Analizando la toponimia que nos interesa a la hora analizar el proceso de configuración del territorio estadounidense, el mapa de Sanson recoge varios lugares interesantes:
  •   En dirección sur-norte en la costa este se encuentra en primer lugar el asentamiento de San Agustín en la península de Florida, un asentamiento español fundado en 1565 y que aparece en otros mapas anteriores como el de Samuel de Champlain de 1607. Aparece el nombre de la Bahía de Chasepeake en donde se encuentra Jamestown así como la denominación de Virginia para toda la zona de los alrededores. Más al norte tenemos el territorio de Nouvelle Holande (Nueva Holanda) así como Nueva Amsterdam seguido de Plymue refiriéndose a Plymouth y Nueva Inglaterra. En la zona más septentrional aparecen ya topónimos relacionados con las conquistas francesas en su mayoría, como el asentamiento de Quebec fundado por los franceses en 1608, Terranova (1662) y la Tierra del Labrador.
  •   En la parte central, aparte de mencionar algunas de las diferentes tribus indígenas se aprecia la denominación de la Nouvelle France para todo el territorio correspondiente a lo que pasará a llamarse más tarde Louisiana y que abarca la cuenca del Mississippi.
  •   Por último en la costa oeste aparece la Isla de California, todavía considerada como tal en este mapa de 1650, en realidad hace referencia a la península de Baja California.


En 1685 destaca un mapa (mapa 3, página 7) que cubre la costa este del subcontinente norteamericano desde Virginia hasta Quebec, un mapa de Nicolaes Visscher II (1649-1702). Cartógrafo de una famosa saga y autor del Atlas Minor en 1683 y muchas otras obras de las que la mayoría se perdieron. Este mapa de Visscher destaca por plasmar los territorios considerados holandeses en aquel momento, y por la vista de Nueva Amsterdam y la Isla de Manhattan en la parte inferior derecha. Las diferentes posesiones de los diferentes países colonizadores aparecen coloreadas para su distinción, aparentemente el amarillo para las posesiones holandesas, el rojo para las británicas, el verde serían tierras indígenas y el resto posesiones francesas. En comparación con el mapa 2 y al ser de mayor resolución espacial muestra más topónimos en las zonas de interior, sobre todo referidos a tribus indígenas. En cuanto a la toponimia que será heredada tenemos:
  •   Siguiendo la costa de sur a norte se encuentran los siguientes topónimos: Virginia, Iames Towne (Jamestown), Chasepeake Bay; a partir de los 40º de latitud,  Manhattans (Isla de Manhattan), Staten Eyl. (Staten Island), Nieuw Amfterdam (Nueva Amsterdam), Lange Eylandt (Long Island); hacia los 43º de latitud, Massachufet (Massachusetts), Nieuw Engeland (Nueva Inglaterra) hasta los 45º; y ya la parte más septentrional de la costa este con Quebec y Nove France (Nueva Francia).
  •   Hacia el interior se puede distinguir el topónimo de Pennsylvania, región que caracterizada por bosques frondosos fue concedida al cuáquero inglés William Penn en 1681, de ahí el nombre de Penn (apellido del cuáquero) y Sylvania procedente del latín bosque. Además, en la parte más septentrional de la zona holandesa se encuentra nuevamente el topónimo de Quebec.
Vista 1.- Vista de la ciudad de Nueva Amsterdam y Manhattan del mapa de Visccher de 1685.


Mapa 3.- Autor: Nicolaes Visscher II (1649-1702). Año de publicación: 1685. Título: Novi Belgii Novæque Angliæ : nec non partis Virginiæ tabula multis in locis emendata Dimensiones: 46 x 55 cm. Meridiano referencia: París?  Escala: 1: 3.300.000 (escala gráfica en15 Milliaria germanica communia 15 in uno grado [=7,9cm en el mapa]). Longitudinalmente desde 296º-312º. Latitudinalmente desde 37º-46º N.

30 septiembre 2011

CRECIMIENTO TERRITORIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS A TRAVÉS DE SU CARTOGRAFÍA (PARTE I)

Resumen 

Los Estados Unidos se configuran como entidad política relativamente estable a finales del siglo XVIII, no obstante, su actual configuración geográfica responde a un largo proceso de anexiones, cesiones, compras y guerras hasta que en 1912 concluye dicha configuración con la conversión de Arizona en el último estado dentro de la continuidad espacial (sin contar Alaska y Hawaii). Es la colonización británica del subcontinente norteamericano la que marca el inicio en la configuración territorial de lo que hoy conocemos por los Estados Unidos de América. 

Sobre todo con la creación de los Estados-Nación (S.XVII) la importancia de la cartografía como elemento de identidad nacional se ve aumentada. Los mapas mostraban, en una época de expansiones y búsqueda de oro y plata, las posesiones de los países, a la vez que servían en muchos casos para poder aplicar impuestos de la manera más eficaz posible. 

Este artículo pretende poner de manifiesto como la cartografía es capaz de reflejar claramente la evolución territorial de un país como los Estados Unidos, marcando los principales hitos históricos y reflejando además aspectos socio-culturales de sus autores. 

Palabras claves: Estados Unidos, Cartografía, Colonización británica, configuración territorial. 

Abstract

The United States are set to relatively stable political entity in the late eighteenth century, however, its current geographic configuration corresponds to a long process of annexation, sales, purchases and wars until in 1912 concluded that the conversionsettings in Arizona last state in the spatial continuity (excluding Alaska and Hawaii). It is the British colonization of North American continent that marks the beginning in the territorial configuration of what is known today by the United States of America.

Especially with the creation of nation-states (seventeenth century) the importance of cartography as an element of national identity is increased. The maps showed, in an era of expansion and quest for gold and silver, the possessions of the countries, while serving in many cases to impose taxes on the most effective way possible. 

This article aims to demonstrate how the mapping is able to reflect clearly the territorial evolution of a country like the United States, marking major milestones followed to reach such a configuration being the social and culture reflection of the authors. 

Key words: United States, Cartography, British Colonization, Territorial configuration.

 Resum 

Els Estats Units es configuren com a unitat política relativament estable a finals del segle XVIII, però la seva actual configuració geogràfica respon a un llarg procés d’annexions, cessions, compres i guerres fins que el 1912 conclou aquesta configuració amb la conversió d’Arizona com el darrer estat dins de la continuïtat espacial (sense comptar Alaska i Hawaii). És la colonització britànica del subcontinent nord-americà la que marca l’inici en la configuració territorial del que avui coneixem pels Estats Units d’Amèrica. 

Sobretot amb la creació dels Estats-Nació (Segle XVII) la importància de la cartografia com a element d'identitat nacional es veu augmentada. Els mapes mostraven, en una època d’expansions i recerca d’or i plata, les possessions del països, alhora que servien en molts de casos per poder aplicar impostos de la manera més eficaç possible. 

Aquest article pretén posar de manifest com la cartografia és capaç de reflectir de manera clara l’evolució territorial d’un país com els Estats Units, marcant les principals fites històriques i reflectint aspectes socioculturals dels seus autors. 

Paraules clau: Estats Units, Cartografia, Colonització britànica, Configuració territorial.

1. Siglo XVI y la exploración de América del Norte

Desde que Cristóbal Colón llegara a la Isla de Guanahani en las Bahamas al final del siglo XV el continente americano se convirtió en el objetivo de expediciones europeas. Durante el siglo XVI buena parte de las exploraciones que circunnavegaban el subcontinente norteamericano eran patrocinadas por España y Portugal. Los cosmógrafos oficiales se encargaban de la delineación costera principalmente. Paradójicamente, Giovanni Caboto (c. 1450- c. 1499) tras ser rechazado por estas dos potencias encuentra en Inglaterra el patrocinador para llegar a las tierras de Terranova y el Labrador en 1497 y ser considerado como uno de los primeros europeos en alcanzar esas latitudes.

Imagen 1.- Fragmento del planisferio de Waldseemüller de 1507 en el que aparece por primera vez en un mapa la denominación de América.


Con anterioridad a las nuevas representaciones cartográficas de la segunda mitad del siglo XVI, cabe destacar que en 1507, el cartógrafo Martín Waldseemüller (c. 1470- c. 1521-22) fue el primero que denomina a las tierras recientemente descubiertas como América en su obra cartográfica Universalis Cosmographia. Fue Américo Vespucio (1451-1512) el primero en darse cuenta de que Colón no había llegado a las Indias, y en reconocimiento a este hallazgo un grupo de impresores franceses de la Abadía de Saint-Dié-des-Vosges en una traducción al latín de la Lettera o Los Cuatro viajes (obra de la que se sospecha es una falsificación) del propio Vespucio, deciden dar a conocer este descubrimiento. 

En 1562 se publica un mapa que muestra todo el continente americano titulado Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio (mapa 1, página 3). Su autor es Diego Gutiérrez, un cartógrafo español de la Casa de la Contratación, casa creada para regular y fomentar el comercio y la navegación con el nuevo mundo y en la que se crea el puesto de cartógrafo en 1519 para trazar mapas y cartas de navegación. Gutiérrez sirvió como cosmógrafo para la Casa de la Contratación por lo menos desde 1554 hasta 1569, de acuerdo con los documentos del Archivo General de Indias.

Mapa 1.- Autor: Diego Gutiérrez. Año de publicación: 1562 en Amberes. Título: Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio Dimensiones: 83 x 86 cm. Longitud: desde 0º a 115’ de Greenwich oeste. Latitud: 57º y 70’ Sur. Escala: 1:17.500.000 (sin escala gráfica). Ecuador y Trópicos de Cáncer y Capricornio perfectamente visibles.


El mapa en cuestión se realiza en Amberes, en donde los grabadores poseían mayor destreza para grabar este tipo de mapas. Este documento cartográfico, del cual sólo se conocen dos copias, representa todo el continente americano (con la concepción del momento) así como porciones de las costas occidentales de Europa y África. En el caso que concierne a este artículo, el subcontinente norteamericano (pre-asentamientos británicos) aparece representado de manera bastante irregular, la costa oeste directamente no aparece y la costa este está repleta de toponimia costera reflejo de que la exploración había sido hasta el momento de carácter marítima, además, curiosamente Groenlandia está integrada en este subcontinente. Aunque el mapa es particularmente rico en dibujos y representaciones de carácter artístico-pictórico, es importante en cuanto a Estados Unidos se refiere porque aparecen, toponímicamente hablando, lugares que en un futuro configurarán el territorio.
 
Se considera que el mapa de Gutiérrez es el primero en hacer referencia a California (Berkeley, 1917). Por otra parte aparece el Territorio de la Florida extendiéndose hasta el actual estado de Georgia. En el norte tanto Canadá (como provincia) como Labrador (como territorio) se citan como los lugares más septentrionales anteriores a Groenlandia.

23 agosto 2010

Actividades Religiosas en los Estados Unidos de América. El nuevo panorama tras el 11-S.

Actividades religiosas en los EE.UU.
(El nuevo panorama tras el 11-S)


La aparición del culto y las religiones

A menudo, se hipotetiza que la aparición del culto (adoración de que son objeto algunas cosas) respondió a un cambio de ambiente, el ser humano pasó de la caza y la recolección al pastoreo, de esta manera, los antecedentes se pueden fijar en el Paleolítico (acaba hacia el 8000 a.C). El culto, estuvo tan extendido, que ninguna de las civilizaciones existentes durante esa época pudo ignorarlo : Cilicia, Anatolia, Persia, Irán, Elam, Transcaspia, Beluchistán, Egipto, Mediterráneo Oriental, etc.
            Ahora bien, en la evolución del culto, una simple adoración, surge en el Neolítico (civilización neolítica del Creciente Fértil) la religión como un sistema de creencias, preceptos, prácticas y rituales. Aunque existen religiones politeístas (reconocen varios dioses, como ocurría en Egipto, Grecia o Roma), en este artículo nos centraremos en el análisis e interpretación de las principales religiones que en la actualidad predominan en los EE.UU. (monoteístas, reconocen un solo dios, como el Islam). Debemos señalar, la dificultad inicial que el estudio de una institución humana, en este caso religiosa plantea. E.O. James (1956) apunta que esta dificultad procede de la falta de conocimientos y testimonios.

            Los indígenas norteamericanos

            Pertenecen a la raza de los mongoloides primitivos que atravesaron el estrecho de Bering entre 25 y 10 mil años antes de nuestra era, se extendieron a partir de China y Mongolia, pasando por Alaska, hasta el estrecho de Magallanes en una primera etapa. En una segunda fase, mongoloides ya de tipo avanzado (ojos de almendra) cruzaron de nuevo el estrecho y ocuparon la parte más septentrional de Canadá.
            La actividad religiosa que practicaban estos indígenas se enmarcaba, y todavía hoy persiste, en el ámbito de lo sobrenatural, las visiones para guiarse en la vida y orientar decisiones en la dirección grata a los espíritus.
            La entrada en contacto con los europeos supuso una rápida transformación : desde la drástica reducción de la población, a causa de enfermedades contagiosas y, por ser tierras no ocupadas por población cristiana eran anexionadas como si se trataran de tierras desiertas, fueron aniquilados en su mayoría y obligados a refugiarse en territorios cada vez de menor extensión y más pobres en recursos naturales.


Las guerras de exterminio más importantes contra los pueblos tribales, tal como señala Bodley (1975), tenían lugar generalmente con el propósito de desplazar a la población de su territorio para que los invasores pudieran trabajarlo en beneficio de lo que para ellos era la economía nacional. La justificación inmediata de tales acciones, así como de las expediciones de castigo, era, a menudo la necesidad de proteger a los colonos de los pillajes de los salvajes, o la de sofocar rebeliones tribales, o , simplemente, se considera que eran un modo rápido de <<extender la civilización y el progreso>>.
Las poblaciones indígenas fueron diezmadas –directa o indirectamente-, subyugadas políticamente y en ocasiones esclavizadas; las culturas autóctonas resultaron dislocadas y destruidas por la imposición de formas e instituciones europeas, del cristianismo sobre la diversidad de creencias y religiones. Bajo la estructura uniformadora de la administración colonial, frente a las ambiciones insaciables de los colonizadores, los pueblos indígenas lucharon por su supervivencia física y espiritual, en medio de una profunda crisis de identidad.

 La llegada de los europeos, se dibuja como una sucesión de oleadas migratorias. Los primeros inmigrantes, que provenían en la práctica totalidad de Inglaterra e Irlanda, se distinguían por su religión y aunque la inmensa mayoría era protestante, se enfrentaban los cuáqueros [1] y los baptistas a los congregacionistas; los mennonitas [2] dieron lugar a los más estrictos amish [3], y con la llegada de los escoceses aumentó considerablemente el número de los presbiterianos, que se convertirían en una de las congregaciones más importantes. Los metodistas, una escisión de la iglesia anglicana, crecieron de forma espectacular a fines del siglo XVIII y llegaron a ser la iglesia más importante a mediados del XIX. La religión de los mormones se origina en 1830 en el estado de Nueva York para establecerse a partir de 1846 en una comunidad junto al Gran Lago Salado, que siguió creciendo hasta nuestros días. Los católicos de origen irlandés, francés y alemán, en un principio se enfrentaron a la hostilidad manifiesta de los protestantes, pero cobraron fuerzas con las inmigraciones italianas. Con la últimas oleadas de inmigrantes, a finales del XIX principios del XX, cobró importancia la religión judía, sobre todo en la ciudad de Nueva York.




            Aunque no puede decirse que los creyentes de una misma religión o los originarios de un mismo país forman grupos étnicos, es importante, sin embargo, tener en cuenta que, en una situación de colonización, en la que coexisten la competencia de unos recursos y la inexistencia de pautas históricas de acceso a esos recursos, no es de extrañar que otros criterios de tipo religioso, de paisanaje, raciales o lingüísticos marquen las fronteras en que se identifican los distintos grupos en competición y que pueden cuajar en una auténtica identidad étnica, como con los chicanos, o disolverse en una identidad nacional dominante. En la década de 1890 el tribunal supremo declara EE.UU. como una nación cristiana.




No se puede olvidar el papel de la esclavitud en la actual configuración religiosa de los EE.UU., de esta manera, en el año 1790 los esclavos procedentes del continente africano en su mayoría constituían un 20% de la población. La población esclavizada, no era ni mucho menos cristiana, muchos habían sido arrancados de sus tribus o pequeñas poblaciones, embarcados rumbo a América del Norte para servir a los señores cristianos. A partir del fin de la guerra de secesión, en 1865, la esclavitud queda abolida. Se necesitaron bastantes décadas, para comenzar a divisar una plena emancipación de los antiguos esclavos, que cada vez más iban abandonando las plantaciones sureñas para recalar en las grandes urbes del noreste. Su presencia en gran número en ciudades exacerbó la hostilidad de los blancos de clases modestas por la competencia como artesanos y trabajadoresEn iglesias las congregaciones blancas se oponían a su presencia sometiéndolos a insultos y vejaciones. Así, los antiguos esclavos deciden crear sus propias Iglesias independientes.
La conversión de la población negra al cristianismo fue prácticamente impuesta a su llegada, y con el tiempo, los afro americanos han constituido un grupo religioso compacto dentro de la rama baptista.
Con una democracia bicentenaria, los EE.UU. han recorrido un largo camino hasta llegar a las cotas de libertad de las que goza en la actualidad. Los problemas de inmigración de Estados Unidos palidecen en comparación con los que Europa enfrenta. La mayoría de minorías étnicas en Estados Unidos – negros al igual que hispanos – son cristianos y la cultura dominante también está arraigada en el cristianismo. No obstante, a raíz de los atentados terroristas del 11-S, muchos autores se preguntan ahora dónde esta esa libertad. Así el Dr. Capel (La cosmópolis y la ciudad, 2003) apunta lo siguiente : “ El miedo generado por la inseguridad, incrementado después del 11 de septiembre, es un tema que se ha convertido en un argumento recurrente de políticos y medios de comunicación de masas. Cuando se relaciona con la inmigración, como a veces está ocurriendo, puede conducir a la xenofobia, y al racismo; y existe un peligro real de utilización de esos miedos por parte de los gobiernos en elecciones o ante la posibilidad de pérdida de poder”. Por tanto, y como analizaremos más profundamente con posterioridad, la religión sigue ocupando en la actualidad una función primordial, estructurando las sociedades en las que habita y ejerciendo unas cotas de poder que a la vista de la población más desfavorecida quedan semicamufladas.

           
Una breve geografía de las religiones en los EE.UU.

            
Como se ha mencionado anteriormente, la religión cristiana ocupa el primer puesto del ranking de las religiones profesadas en EE.UU. De los aproximadamente 285 millones de estadounidenses censados en 2001, en torno al 76% profesaban alguna de las ramas o subramas del cristianismo; teniendo en cuenta que mundialmente la cifra ronda el 33% de la población, Estados Unidos se constituye como uno de los grandes centros concentradores de fieles cristianos, sólo superado por Oceanía y Europa. Lejos de disminuir, vemos que el cristianismo sigue creciendo, y ese 76 % se ve ya ampliamente superado.

El apabullante dominio del cristianismo provoca un gran desequilibrio cuantitativo, pero cualitativamente, Estados Unidos quizá sea unos de los paradigmas de la convivencia de multitud de religiones en un estado. Dentro del cristianismo, existe una gran diversidad de ramas en donde católicos y baptistas [4] coronan la cima con alrededor de 120 millones de fieles en 2004.


La segunda religión más importante en los EE.UU. es el Judaísmo. Con entorno a 4 millones de fieles en 2004, en 2001 representaban el 1,3% de la población total del país. Nos llama la atención, en el caso del judaísmo, como han conseguido elevadas aspiraciones siendo un grupo tan reducido con respecto a los cristianos (tengamos en cuenta, que en el ámbito global, los judíos tan solo suponen un 0,22% del total de la población mundial). Más adelante, nos fijaremos en cómo el cristianismo y el judaísmo comparten un enemigo común, el islamismo[5]





Seguramente, el tercer grupo religioso más numeroso, sea también el más discordante dentro de la convivencia de religiones en los EE.UU. Los musulmanes, no superaban en 2004 la cifra de los 2 millones de fieles, no llegando a representar ni siquiera un 1% de la población. Los musulmanes, son en términos generales los representantes de los lugares más pobres y conflictivos del mundo, así, se concentran principalmente en el continente africano y Asia Occidental. En el mundo son la segunda religión en número de personas con un 21% de la población mundial.


Por último, comentaremos el grupo religioso del Budismo. En cantidad de fieles es equiparable en cifras al islamismo. El budismo fue introducido en los EE.UU. en los siglos XIX y XX, especialmente entre los pensadores liberales y peregrinos espirituales no tradicionales de Nueva Inglaterra. Según pasaron las décadas, se transmitió a grupos de artistas e intelectuales, y finalmente floreció entre estudiantes, académicos y hippies en los años 60, y desde entonces a la corriente principal, los estadounidenses blancos de clase media. Hoy hay muchos templos, monasterios y comunidades budistas en los EE.UU. Sin embargo, como veremos más adelante, su distribución espacial tiene un centro de gravedad claramente establecido en el Pacífico (Hawai y costa oeste).

La distribución espacial de los grupos religiosos

Si atendemos a la situación que por estados se refleja, la siguiente tabla nos dará un punto de mira en el que incluiremos el grupo de laicos:


La tabla de la distribución por estados sigue ofreciendo una clara situación de dominio cristiano. Si nos atenemos a estas cifras y a los mapas (por condados) que en páginas posteriores se mostrarán apreciamos lo siguiente : los católicos, la rama más importante del cristianismo en EE.UU. se distribuye principalmente en la costa noreste (sobretodo Connecticut, Massachussets, Rhode Island y Nueva York), en la costa oeste  y sur (California, Arizona, Nueva México, Texas y Lousiana); los baptistas, presentan una clara distribución hacia el sureste , sobretodo concentrándose en el valle del Mississippi; los luteranos [6] también presentan un carácter polarizador, pero en este caso en el centro norte de los EE.UU., las dos Dakotas y Minnesota. En este grupo, debemos comentar dos excepciones relacionadas con dos situaciones puntuales : el caso de Alaska, con tan solo un 31,8% de la población cristiana debido al predominio que en este estado ejercen los nativos y, el caso de Hawai, que como mencionaremos líneas más abajo, el budismo copa una buena parte de la población.
           
            En cuanto a los judíos, tienden a concentrarse (como muestra principalmente el mapa posterior) en grandes zonas urbanas, así observamos su mayor presencia en los estados de la costa este al norte (Nueva York, Massachussets, Connecticut,...), en el estado de Florida (condados de Palm Beach, Broward y Dade), en el de California ( condados de Los Angeles y San Francisco) y Nevada (condado de Clark).

            En el caso de los musulmanes, podemos establecer que presentan una mayor difusión o dispersión territorial, aunque ciertamente los estados con mayor población musulmana son California, Nueva York, Nueva Jersey, Washington DC. y Utah.

            Los budistas, son un caso especial. El mayor número de budistas en los EE.UU. hoy día se encuentra entre las poblaciones de inmigrantes de Asia: chinos, japoneses, tibetanos, indonesios, malayos y vietnamitas. La mayoría de los inmigrantes asiáticos practica el budismo de forma muy parecida a como los cristianos practican el cristianismo popular. El budismo Shin [7] llegó en los EE. UU a finales de los años 1900 con ondas sucesivas de inmigrantes japoneses, que sobre todo se concentraron en Hawai y California. Sin embargo, debido al racismo intenso consiguiente y más tarde, siendo encarcelados en Campos de Detención durante la Segunda Guerra Mundial en los años 1940, la religión Shin había guardado un perfil recóndito en la sociedad estadounidense. También constituyen un grupo significativo en los estados de Nevada, Oregón y Washington llegando a superar el 0,5% del total de la población.



            En último lugar, comentaremos el que podríamos considerar como segundo gran grupo cultural en los EE.UU. : los laicos. El grupo de población laica, llega a alcanzar porcentajes de población de hasta el 17% en estados como Oregón, de cualquier forma, es sintomático que a grandes rasgos, el mayor porcentaje de laicos lo encontremos en la costa oeste sobretodo. Estos estados presentan sin lugar a dudas la mayor diversificación de grupos religiosos, y como hemos podido observar, California es el ejemplo más evidente. Por otra parte estos estados fueron en su mayoría los últimos en ser adheridos a la Unión (por compra, cesión o anexión a México en el s.XIX).

Cartografía de las religiones





Las connotaciones raciales: afroamericanos, hispanos y asiáticos.




En el análisis de las religiones en los EE.UU., hemos de tener presente la relación que existe entre éstas y las diferentes etnias que residen en el país. De esta manera, afroamericanos, hispanos y asiáticos se constituyen como los tres grupos mayoritarios. Del total de la población estadounidense, actualmente rozando los 300 millones de habitantes, el 70 % son de raza blanca. Ésta, presenta los mayores valores de población en la parte septentrional del país, sobretodo al noroeste. Esta distribución se correlaciona positivamente con las áreas de dominio del catolicismo y luteranismo, es decir, la religión dominante.

            Por su parte, el grupo de afro americanos, ocupa principalmente la zona del sureste del país. Constituyen el 11% del total de la población y su distribución se relaciona de manera clara con la ocupación de la religión baptista (cristiana).
            El colectivo hispano, también llamados latinos, sobrepasa ya al de afro americanos con un 14% de la población total. Provienen principalmente de zonas donde domina el catolicismo como práctica religiosa común (latinoamericanos y españoles). En los EE.UU. su distribución es evidente en el suroeste del país, vía de entrada ilegal de los inmigrantes, aunque cada vez más se van extendiendo hacia el noroeste y centro. Este colectivo, viene a incrementar la cifra de católicos en los estados occidentales principalmente, Florida, la megalópolis Boswash [8] y el área del lago Michigan.
            En cuanto a la raza asiática, un 4% de la población estadounidense, su distribución responde a la proximidad con el continente asiático, así, la costa oeste es donde mayor porcentaje de asiáticos encontramos además de, en el estado de Florida y de nuevo la megalópolis Boswash. Como se ha apuntado anteriormente, los budistas en EE.UU. están estrechamente relacionados con la población de origen asiático, no obstante, esto no quita que parte de los mismos practiquen otro actividad religiosa.

            En último lugar, comentar el caso de los nativos americanos, en donde tendríamos los indios americanos y los nativos de Alaska. Superan el 1% del total de la población de país. Evidentemente, está claro donde predominan los nativos de Alaska, pero en el caso de los indios americanos, se observa un dispersión por el oeste tanto al norte como al sur, y, una concentración significativa en el centro del país, especialmente en el estado de Oklahoma.


De un tiempo a esta parte




No se puede negar el papel fundamental de las religiones a la hora de definir las sociedades, si acaso mucho más evidente antaño y espectacularmente puesto de relieve a partir de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Cuando decimos que la religión posee dicha función definidora, no tan solo hacemos referencia al ámbito de lo más doméstico, sino a la relaciones de poder que se establecen entre religión y política. Esta relación no es nueva, pero cobra una relevancia fundamental cuando la primera potencia mundial (los Estados Unidos de América), potencia cristiana, entra en guerra con el mundo del Islam. La distinción entre lo religioso y el poder político es, sin lugar a dudas, más antigua de lo que se piensa, sin embargo, la separación entre ambas es rara pero sobretodo reciente (Tarot, C., 2000).

            En los EE.UU., es imposible desligar la política de la religión, van estrechamente unidas. Tanto es así que de los 42 presidentes de EE.UU. anteriores al actual, el 100% fueron cristianos. Paradójicamente, ha sido la rama episcopaliana [9], una de las minoritarias (1,7% de la población) con 11 presidentes (más de un 25% del total)  la que mayor representación ha obtenido, con nombres como George Washington, F.D. Roosevelt o Bush padre. En el extremo opuesto el catolicismo, la modalidad cristiana mayoritaria (25% de la población), con tan solo un representante en toda la historia, J.F. Kennedy. El actual presidente, G.W. Bush, pertenece a la rama metodista [10] del cristianismo, en el año 2000 declaró que Jesucristo era su filósofo preferido porque había cambiado su corazón. En las últimas elecciones de 2006 un cuarto de los votantes se declararon blancos evangélicos, de estos, un 70% votó republicano, de los tres cuartos restantes el 60 % votó demócrata. Los republicanos no pueden ganar sólo con los evangélicos (los evangélicos siguen siendo de los pocos grupos norteamericanos que siguen apoyando la presencia en Irak con consistencia y seriedad), pero los necesitan absolutamente para alzarse con la victoria. De esta manera, vemos con claridad que política y religión juegan papeles que van más allá del propio país, configuran acciones de carácter exterior influenciadas por una religión dominante interna, el cristianismo.
           
            Por otro lado, nos surgen las siguientes preguntas: ¿quién controla a quién?, ¿existe un equilibrio en la relación entre política y religión?, ¿sería apropiado creer que un dominio de la religión en las sociedades supondría un retroceso de las mismas?. Parece obvio pensar que en la actualidad, la política se encuentra en la cúspide jerárquica del poder –sin olvidar que va de la mano con las grandes multinacionales, esto es, política y economía inseparables-, y que con el paso de los siglos, la religión ha ido perdiendo terreno a favor de la primera. No obstante, algunos autores, como Samuel P. Huntington (“El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, 1993) ven como principal problema para el siglo XXI la lucha de religiones, no la lucha o confrontación entre diferentes modalidades políticas. Huntington afirma que <<con las civilizaciones rivales, el Islam y China, Occidente es probable que tenga siempre relaciones tensas y a menudo muy antagónicas>>. Sin duda, la obra de Huntington es muy complaciente con los EE.UU., valorándolos como el paladín de la democracia y omitiendo su apoyo a dictaduras corruptas (Capel, 2003). Pero incluso con estas apreciaciones críticas, Huntington subraya algo de crucial importancia al afirmar que <<espoleada por la modernización, la política global se está reconfigurando de acuerdo con criterios culturales; los pueblos y países con culturas semejantes se están uniendo; los pueblos y países con culturas no semejantes se están separando>>.
            Podemos establecer en la actualidad, que una sociedad ha evolucionado positivamente cuando existe una convivencia real de las religiones y el resto de aspectos que pueden definirla (educación, sistemas políticos democráticos, sociedades del bienestar, etc). En este sentido, antes de este paso, ocurre en la mayoría de casos que dentro de las propias religiones existen fricciones internas que llevan al enfrentamiento entre ortodoxias y heterodoxias en el seno de una misma religión. Podemos recordar los casos del Cristianismo con enfrentamientos en la edad media y las guerras de religión acaecidas en la reforma protestante del siglo XVI, o como en el Islam con las profundas diferencias entre sunitas [11] –el 87% del total de musulmanes- y chiítas [12] –en torno 11’5%- o como por ejemplo en el judaísmo con las actuales diferencias entre los más tolerantes y los ultra ortodoxos. De este modo, tenemos un país como EE.UU., en el que conviven de manera necesaria todo un gran abanico de religiones (tema aparte merecería el caso de las sectas), donde la religión dominante cristiana ha superado ya antiguas discordancias en su seno pero donde otras siguen en continua batalla.
           
            Tres religiones parecen enfrentarse sobretodo en el panorama mundial, el cristianismo, el judaísmo y el Islam (Capel, 2003). Este enfrentamiento no presenta tres contendientes, básicamente se trata de posturas cristianas y judías frente a las islámicas. Por decirlo de otra manera, es el islamismo, arropado por estados enriquecidos con petrodólares el que ha reiniciado la “guerra santa”. Unas minorías que han desembocado en un toma de posición que reivindica de manera agresiva la verdad de “El Corán” por encima de cualquier otra creencia o tradición cultural y religiosa (L.A. González, 2001). Lo que los sucesos del 11-S añadieron es que el choque entre culturas y entre religiones ya no se realizaba en las fronteras exteriores, sino en el mismo territorio norteamericano, haciendo de pronto visible a escala mundial lo que estaba sucediendo en otros países como Indonesia, Filipinas o Sudán (Capel, 2003). Este islamismo, pese a representar una minoría en el mundo musulmán se ha convertido en la actualidad en uno de los focos principales de violencia terrorista a escala planetaria. Desde los grandes atentados perpetrados en lugares estratégicos occidentales (Torres Gemelas-Pentágono, Madrid, Londres, Israel) y asiáticos (Bali), hasta los no menos escalofriantes atentados casi diarios en Irak o Afganistán, donde EE.UU. inició guerras “preventivas”.
           
Después de los ataques del 11-S la agenda internacional y doméstica del gobierno estadounidense tiene al terrorismo como principal argumento para definir una política, determinar un curso de acción, o explicar y justificar prácticamente cualquier medida (K.  DerGhoukassian, 2004). El terrorismo islamista presenta así una variedad de contextos de influencia global, donde destacan el político y el religioso, con repercusiones evidentes en el sistema económico. Esta nueva forma de terrorismo suicida globalizado no viene sino a afirmar la clara relación que existe entre la política y la religión, y, por otro lado, la impotencia de EE.UU. para encontrar una solución al conflicto.
Desde el año 622 d.C hasta nuestros días, las relaciones entre las religiones monoteístas han sido complejas, pero no siempre de confrontación. Aunque lamentablemente, si se hace un estudio histórico, ésta ha prevalecido. El Islam ha sido estudiado como fenómeno religioso, teológico o incluso civilizacional, pero pocas veces desde el punto de vista político ( Gustavo de Arístegui, 2004). Es evidente que en general, se confunde el islamismo radical con el todo que configura el Islam, al igual que a nadie se le escapa a pensar que al Islam le falta llegar al proceso de secularización. No obstante, el terrorismo islámico, intenta hacerse hueco mediante el miedo entre los musulmanes, no debemos olvidar, que este terrorismo, en primer lugar actúa dentro del Islam –atentados en Irak, Afganistán, Marruecos, Algeria,...-, a fin de conseguir la unión del pueblo musulmán –reinstauración del califato que abolió Ataturk en 1924-  y así, poder pasar al siguiente objetivo : reconquista de territorios que alguna vez pertenecieron al Islam (como Al Andalus) y dominar al Occidente mundial. Podríamos establecer multitud de causas por las que el islamismo radical lleva a cabo acciones terroristas, pero aún así,  basta con decir que es otro estilo de nazismo, imponer su verdad a los demás.

            Como punto final, cabe preguntarse, hasta qué punto los geógrafos pueden dar solución al problema que aquí se ha planteado. Un problema con claras repercusiones espaciales y sociales. Tal vez sea difícil tratar de entender porque existen personas preparadas a morir por cuestiones de religión, y muchos pensarán que es falta de educación, otros pensarán que es exceso de fanatismo, algunos aludirán al choque inevitable de civilizaciones, etc. Sea como fuere, la religión es uno de los grandes temas a tratar en el futuro. Con la globalización, las sociedades se ven obligadas cada vez más a convivir con diferentes culturas y sus religiones. EE.UU. representa un buen ejemplo de cómo internamente ha sabido encajar las piezas del puzzle democrático para dar cabida a cualquier expresión religiosa que se adecue a las normas de la convivencia y a su carta magna, pero a la vez constituye un mal ejemplo de respuesta ante la realidad religiosa, política y económica del mundo exterior a él. Aunque puedan existir problemas religiosos internos en los EE.UU., es el momento de mirar de concentrar nuestros estudios e interpretaciones en la nueva situación creada a partir de los atentados del 11-S, porque aquello que sucedía en las fronteras exteriores se ha trasladado, y presenta ahora una ubicuidad pasmosa. La religión ha pasado de ser un elemento de unión interna de diferentes grupos sociales a convertirse en arma arrojadiza contra otras religiones, un terrorismo al servicio del Islam y un ojo por ojo llevado a su extremo desde posturas cristianas.

Anotaciones


[1] Individuos pertenecientes a una secta fundada por G.Fox, en el siglo XVIII; rehúsa todo culto externo y toda jerarquía; rechaza el juramento y el servicio militar, y práctica el altruismo.
[2] El origen espiritual de los mennonitas se remonta al año de 1117, cuando en Lyon, Francia un grupo de creyentes reformistas se reunieron alrededor de Petrus Waldnus quien rechazaba la doctrina del purgatorio y enseñó las doctrinas de Cristo del Nuevo Testamento, enseñó también el amor como un verdadero ejemplo del cristianismo y un medio contra la violencia. La secta fue conocida por diferentes nombres y aunque fueron expulsados por el Papa en 1134 siguieron transmitiendo sus creencias y cultos por generaciones.
[3] Los amish son una agrupación religiosa cristiana de origen anabaptista, notables por sus restricciones en cuanto al uso de algunas tecnologías modernas, tales como los automóviles o la electricidad. Son alrededor de 200.000 personas, principalmente en 22 asentamientos en los Estados Unidos de América y en Ontario, Canadá. Son un grupo cultural y étnico fuertemente unido, descendiente de inmigrantes predominantemente suizos de habla alemana. Creen literalmente en el Nuevo Testamento y se aíslan del mundo exterior, defienden el pacifismo y la vida sencilla.
[4] Doctrina religiosa protestante cuya idea esencial es que el bautismo solo debe ser administrado a los adultos.
[5] Conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma.
[6] El luteranismo o Iglesia Luterana es el movimiento religioso cristiano protestante (Protestar contra lo erróneo que estaba establecido) fundada institucionalmente por el monje alemán Martín Lutero (1483-1546). En el luteranismo, se cree en Jesucristo como su fundador espiritual, Dios uno y trino (Santa trinidad), es decir: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. La certidumbre bíblica que tuvo de que Dios no nos juzga por nuestras obras buenas, sino más bien por nuestra fe, proporciona a Lutero la base fundamental de su pensamiento.
[7] El Budismo Shin es practicado en Japón y en Occidente. El Budismo Shin fue iniciado por Shinran (1173-1263) en Japón. Su fundamento es La Tradición de la Tierra Pura de Honen (1133-1212). Shinran desarrolló en sus enseñanzas que manteniendo la fe en Amida Buda se asegura la iluminación. En sus prácticas religiosas, particularmente al recitar el nombre de Buda, expresan gratitud más que purificación.
[8] Megalópolis de Boswash. Extendida desde New Hampshire a Virginia, incluyendo las áreas metropolitanas de Nueva York, Filadelfia, Baltimore y Washington. Alberga en un 2 por 100 del territorio nacional el 20 por 100 de la población y Gottmann la define como "la calle mayor de las finanzas y empresas del mundo moderno".
[9] La Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América o la Iglesia Episcopal Protestante de los Estados Unidos de América es la iglesia nacional estadounidense de la Comunión Anglicana que comprende 108 diócesis dentro de los Estados Unidos. Fue fundada en 1789 a raíz de la proclamación de la independencia por parte de las Trece Colonias Americanas. Con anterioridad a la Guerra de Independencia, la Iglesia Episcopal era parte de la Iglesia de Inglaterra a cuyo clero se le exigía aceptar la supremacía del monarca británico.
[10] El metodismo o movimiento metodista es el nombre que se da habitualmente a un numeroso y diverso grupo de denominaciones cristianas del Protestantismo. Históricamente, el metodismo se originó en la Gran Bretaña del siglo XVIII y gracias a la vigorosa actividad misionera que desplegó se extendió rápidamente por los dominios del Imperio Británico, los Estados Unidos de América y más allá. Para el 2006 se calculan en unos 75 millones sus miembros en todo el mundo.
[11] Si bien la umma es la comunidad de creyentes del Islam, los sunníes son más ortodoxos y se rigen por una interpretación rigurosa de las fuentes sagradas. Surgieron a raíz de las disputas sucesorias tras la muerte de Mahoma. La rama sunita se convirtió en la más extendida y aglutina al 90% de los musulmanes.
[12] Los chíies reconocen igualmente el Corán o la sunna pero confían más en la interpretación de autoridades religiosas como los imanes o los mulás. La rama chií se concentra actualmente en países como Irán, donde es mayoritaria; Irak o Bahrein, donde congrega a dos tercios de la población, o el Líbano, donde supera a la sunita, además de contar con algunos grupos repartidos por el resto de países musulmanes.

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