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24 agosto 2010

El crimen en Sudáfrica, los grandes contrastes.

 CRIMINALIDAD EN SUDÁFRICA: PRINCIPALES ESPACIOS URBANOS CONFLICTIVOS Y ATAQUES EN EL ESPACIO RURAL
Carlov M. Zaroti



Resumen:
Hace bastantes años que Sudáfrica, a parte de ser conocido como el país más rico del continente africano, lo es también por sus elevados índices de criminalidad, que lo sitúan en lo más alto del ranking mundial. En esta comunicación se intentan analizar varias cosas: la complejidad del crimen en el rural y el urbano, el factor histórico como un factor más para entender la delincuencia y, los increíbles contrastes sociales que se reflejan, sin lugar a dudas en las estadísticas criminológicas.
Palabras clave: Apartheid, ataques a granjas, violación y urbanización acelerada.

Abstract:
Quite a few years ago that South Africa, apart from being known as the richest country on the African continent, it is also because of its high crime rates, which lie at the top of the world rankings. This communication is attempting to analyze several things: the complexity of crime in rural and urban areas, the historical factor as a further factor in understanding the crime, and the incredible social contrasts that are reflected undoubtedly in criminological statistics.
Keywords: Apartheid, farm attacks, rape and accelerated urbanization.

Resum:
Fa bastant de temps que Sudàfrica, a part de ser conegut com el país més ric del continent Àfrica, ho es també pels seus elevats indexos de criminalitat, que el situen en el més alt del ranking mundial. En aquesta comunicació s’intenten analitzar diferents coses: la complexitat del crim en el rural i l’urbà, el factor històric com un factor més per entendre el fenomen de la delinqüència i, els increïbles contrastos socials que es reflecteixen, sense dubtes, a les estadístiques criminològiques.
Paraules clau: Apartheid, atacs a granges, violació i urbanització accelerada.

Sudáfrica, como país, presenta una serie de singularidades que lo hacen si más no, especial a nivel del planeta. Esta nación austral, es extraordinariamente rica en recursos minerales ( en 1867 se descubren diamantes y en 1886 oro), lo que provoca que en la actualidad posea una floreciente economía de mercado. Las cotas de aparente bienestar, no poseen parangón en el resto del basto continente africano, pero, el conocido apartheid que inició su modificación a finales de los ochenta, explica en parte, porque en la actualidad existen fuertes desequilibrios entre la población blanca y negra, y, porque se considera todavía a Sudáfrica como un país en vías de desarrollo.
A parte de esta brevísima descripción general de Sudáfrica como país, se debe añadir a colación con esta comunicación, que, hoy en día, Sudáfrica tiene el triste récord de ser uno de los países con índices de criminalidad más altos, exceptuando claro esta, a aquellos países que, por circunstancias varias, se encuentran inmersos en conflictos bélicos. En Sudáfrica, se comete un delito grave cada diecisiete segundos; cada dos minutos se comete un robo a mano armada, cada tres una violación y, cada media hora un asesinato. Según los expertos, cuatro millones de armas de fuego ilegales circulan por el país, lo que viene a explicar que en torno a un 90% de los crímenes cometidos en el país sea con violencia de por medio. El índice de criminalidad ha subido notablemente en los últimos años. Asaltos con armas de fuego, "tirones", robos y ataques a vehículos (hijacking) al parar en un semáforo, o en los parking, son moneda corriente en los centros de las principales ciudades (Johannesburgo, Pretoria, Ciudad del Cabo, Durban). El gobierno de Sudáfrica redobló el combate contra la violencia sexual, de la que no logran escapar un tercio de las niñas y un quinto de los niños y adolescentes menores de 18 años. Cada año, un millón de mujeres son víctimas de violaciones, convirtiendo a Sudáfrica, con 42 millones de habitantes, en el país con mas proporción de delitos sexuales del mundo. Las reformas judiciales y legislativas fueron dispuestas tras una ola de violaciones de niñas y bebes, que llegó a los titulares de la prensa internacional a finales del año pasado.

La criminalidad en la comunidad agrícola sudafricana: ataques a granjas

La comunidad agrícola se ha visto afectada por lo que se conoce como ataques a las granjas desde hace ya bastantes años. Este hecho, era relativamente desconocido hará cosa de unos veinte años, cuando su esporadicidad les restaba importancia. Los ataques que se produjeron en el ámbito rural eran, en gran parte, llevados a cabo por los movimientos de liberación, especialmente en las zonas a lo largo de las fronteras del país con Zimbabwe y Mozambique. Esos ataques consistieron principalmente en la siembra de minas terrestres por “Umkhonto Sizwe”, el brazo armado del Congreso Nacional Africano, o por el Ejército de Liberación del Pueblo de Azania, el brazo armado del Congreso Panafricanista. Había sólo esporádicos ataques directos a los propios agricultores. Tale ataques no constituían una amenaza global.
Desde comienzos de los años noventa, ha habido un constante aumento de la incidencia de ataques a granjas. Lamentablemente, hasta 1997 las estadísticas no comenzaron a mostrar datos sobre este tipo de criminalidad o delincuencia. La razón de esto es que no existe un delito específico, como “ataque a una granja agrícola”, la policía, registro tales delitos como asesinatos, violaciones y el robo a mano armada junto con crímenes similares en las zonas urbanas. Sin embargo, diversas organizaciones agrícolas mantuvieron algunas estadísticas. El South African Agricultural Union (SAAU, ahora Agri SA, la misma organización que aglutina a la mayoría de los agricultores comerciales en el sur de África) inició la recopilación de estadísticas en 1991. Si se leen los datos estadísticos que ofrecen, vemos que la cifra de ataques a granjas entre 1991 y 2001 aumentó de 327 casos con 66 asesinados a 1011 casos de ataques y 147 muertos. En total, desde que existe algún tipo de estadística al respecto se han llegado a contabilizar 6122 ataques a granjas con un total de 1254 muertos.

Debido a la aparente aumento de la frecuencia y brutalidad de los ataques, se hizo evidente que había que hacer algo al respecto. Durante una reunión del Consejo Nacional de Coordinación de Operaciones (NOCOC), que coordina las actividades del Servicio de Policía de Sudáfrica (SAPS) y la South African National Defence Force (ARENA) a nivel nacional, el 4 de febrero de 1997, los representantes de la entonces Unión Agrícola de Sudáfrica pidió que se tomasen medidas para contrarrestar el problema.
En primer lugar, el ataque a granjas agrícolas se tipifica como un delito específico que requiere de una atención especial por parte de las autoridades. De esta forma se convirtió en uno de los llamados "crímenes de prioridad”, que incluyen la violencia en taxi, crimen organizado, la malversación de fondos y robo de bancos. Además, gracias a las buenas estadísticas proporcionadas en el período de once años hará que se mantengan planes específicos sobre aspectos diversos y relativos a los ataques a granjas en un futuro.
 En segundo lugar, se nombró a un equipo de tareas, que visitó todas las provincias y se refirió a un gran número de partes interesadas, incluidos los agricultores, trabajadores, personal de las fuerzas de seguridad y gente de negocios. Como resultado fue redactado un Plan de Protección del Rural, que fue anunciado por el Presidente Nelson Mandela durante una reunión con el SAAU el 14 de octubre de 1997. La fecha de aplicación era el 1 de diciembre de 1997. El objeto del plan era fomentar que todos los afectados en las zonas rurales trabajasen de manera coordinada y conjunta en la seguridad, planificación, acción y vigilancia, con el fin de combatir la delincuencia en las áreas rurales.
 A pesar de la introducción del Plan de Protección Rural y otras medidas adoptadas, las cifras oficiales que el SAPS ofreció indicaban que existía un fuerte aumento en la incidencia de ataques a granjas, pasando de 433 en 1997 a 767 en 1998. El objetivo era llegar a un consenso en torno a un futuro proceso de las zonas rurales para hacer frente a la seguridad en general, y agrícola en particular. Al final de la reunión oficial se aprobó la Declaración que condena los asesinatos y otros delitos que afectan a la agricultura y las comunidades rurales, se reconocía el problema tan complejo y polifacético, se destacó la importancia de la aplicación efectiva de la ley, se reconocía la necesidad de involucrar a todas las personas en el plan de protección de las zonas rurales, se abogó por la cooperación, se refirió a las mejoras del sistema de justicia penal, se reconocían los derechos de las víctimas y se hacia hincapié en la necesidad de continuar con la investigación, esfuerzo sostenido y la necesidad de fortalecer los valores morales.
Con estas medidas la incidencia en los ataques no descendió, aunque hubo
signos de estabilización de la situación. Más y más agricultores comenzaron a creer que se trataba de algo más que delincuencia común. En especial la Unión Agrícola Transvaal (el TAU, ahora la Unión Agrícola Transvaal de Sudáfrica), que se habían separado del resto de Agri SA, destacó el aumento de la incidencia de ataques en granjas,  con a menudo una crueldad exhibida por los delincuentes, la ' Precisión militar 'con la que muchos de los ataques fueron ejecutados, el hecho de que, a veces, nada fuera robado y la incapacidad de las fuerzas de seguridad para tratar eficazmente el problema. Se dedujo que los ataques a granjas tenían una inspiración política y que el verdadero objetivo era que la tierra pudiera ser ocupada por la mayoría negra. Algunas personas llegaron a acusar a la SAPS de encubrir, e incluso de complicidad en los ataques a granjas.
 En enero de 2001, el entonces Ministro de Seguridad y Vigilancia, el Sr. Tswete, indicó que el fenómeno de los ataques serían investigados de manera independiente del resto de delitos para establecer de forma clara los motivos de tales ataques. Su anuncio, sin embargo, fue seguido por otra serie de graves ataques, entre ellos algunos en la provincia noreste, que fueron particularmente horribles. La comunidad agrícola se levantó en armas, y la prensa se hizo eco de los agricultores y su lema: “Genoeg genoeg!” (“Basta ya”). El Ministro Tswete, fue a la provincia noreste a quejarse junto a las familias. También se dirigió a la comunidad agrícola en Marikana. Durante estas reuniones, el Ministro prometió que no dejaría a los agricultores a su propia suerte, y anunció que una comisión sería designada para llevar a cabo una investigación independiente para investigar el fenómeno de los ataques.
El hecho diferencial de la delincuencia o crímenes pertrechados en el ámbito rural sudafricano, hace muy complicado su estudio y análisis, y, como hemos visto, su vertiente política le confiere un mayor grado de complejidad. En los últimos años, se acusó al propio Ministro Tswete de una doble moral en el caso de los ataques a granjas agrícolas e incluso de ser coparticipe de dichos ataques, lo cual nos demuestra lo intrincado del problema con este tipo específico de delincuencia en el país.

La delincuencia urbana sudafricana
Sudáfrica, como se ha comentado anteriormente, constituye un caso particular en cuanto a su desarrollo se refiere. Su economía es equiparable a la de cualquier país desarrollado, pero socialmente, el crimen y la herencia que el apartheid dejó lo han situado en el top cinco del ranking de la inseguridad. Alrededor de 19.000 asesinatos fueron cometidos en el país en el período 2005-06, esto significa, que es una cifra nueve veces superior a la que registran los Estados Unidos y hasta veintisiete veces más que en el caso británico, por poner un ejemplo.
La delincuencia es un problema grave. Según una encuesta para el período 1998-2000 realizada por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Sudáfrica se situaba en segundo lugar del mundo en asaltos y en asesinatos per cápita, además se situaba en el segundo lugar en número total de violaciones y la primera en violaciones per cápita. Otros datos, situaban a Sudáfrica en el segundo puesto mundial de asesinatos per cápita y el primero en agresiones con violencia. Hay que tener en cuenta que estas estadísticas sólo compara las estadísticas de alrededor de 60 países (no se incluyen aquellos que están en procesos bélicos).
Cifras de la INTERPOL, demuestran que, en 2002, Sudáfrica experimentó 114,8 homicidios por cien mil habitantes, la más alta del mundo y la tasa de asesinatos alrededor de cinco veces superior a las del segundo país, Brasil. A partir de 1998, Sudáfrica encabezó por un pequeño margen a nivel mundial las denuncias de asesinatos y robos a mano armada.
El Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre Delincuencia y Justicia también han llevado a cabo una investigación sobre  víctimas de delincuencia con violencia, Sudáfrica posee tasas más bajas de delincuencia violenta que muchos países africanos y sudamericanos.
Como ocurre por ejemplo, con el umbral de población urbana que cada país establece para considerar un núcleo de población como ciudad, la comparación de las estadísticas nacionales en cuanto a delincuencia, entre los países, es controvertida. No todos los países registran estas estadísticas con la misma exactitud y cada país tiene su propia definición de cada tipo de delito. Por tanto, se ha de mencionar que estas comparaciones están sujetas a este hecho diferencial.
La delincuencia, ha tenido un pronunciado efecto en la sociedad: muchos ricos sudafricanos se trasladaron a comunidades cerradas. Este efecto fue más acusado en Johannesburgo, aunque la tendencia se observa en otras ciudades. Para muchos emigrantes de Sudáfrica la delincuencia también es un factor importante en su decisión de partir. Los crímenes a los agricultores comerciales ha seguido siendo un problema importante en el país. Sudáfrica también tiene un mal historial de secuestros de automóviles, en comparación con los países industrializados en gran medida asociado a la baja tasa de propietarios de coches.
Los crímenes violentos, como asesinatos y robos han disminuido en los últimos años, en el año 2004 se observó un descenso del 4,6% y 5,3%, respectivamente, para estos dos delitos. Sin embargo, delitos como los secuestros, las violaciones, el maltrato de niños, la violencia pública, los daños a la propiedad, etc,  no han seguido este camino de deceleración (gráfica 1). El robo de dinero en tránsito, robos en residencias, los crímenes por drogas y otros robos en particular han demostrado ir en aumento. La situación de las violaciones se ha convertido en tan mala que el país ha sido denominado “la capital del mundo de la violación”.
Recientemente, el gobierno promovió un conocido programa de amnistía de pistolas para reducir el número de armas en circulación. Además, aprobó la Estrategia Nacional de Prevención del Delito en 1996, que tenía por objeto prevenir el delito mediante el fortalecimiento de las estructuras comunitarias y ayudar a los individuos que habían delinquido a volver al trabajo.
Si bien, todos estos esfuerzos parecen haber caído en saco roto, ya que el gobierno ha sido criticado por no hacer lo suficiente para detener la delincuencia. Algunos cuestionan la eficacia del Servicio de Policía de Sudáfrica. Además, el Gobierno fue criticado cuando durante la visita del Ministro de Seguridad de Burundi, que llegó al país para supuestamente promocionar la paz y la democracia, se produjeron una serie de delitos en Gauteng. Esta serie incluyó el asesinato de un número alarmante de personas, entre ellas miembros del Servicio de Policía de Sudáfrica asesinados mientras desempeñaban sus funciones. La crítica precedió un anuncio del ministro de que el gobierno pondría todo su empeño en sofocar el alarmante aumento de la delincuencia, 30 de diciembre de 2006. Sólo en una provincia de Sudáfrica, 19 oficiales de policía perdieron la vida en los siete primeros meses de 2006.
El Ministro de Seguridad, Charles Nqakula, causó indignación entre los sudafricanos, en junio de 2006, cuando respondió a los parlamentarios de la oposición, los cuales no estaban satisfechos de que se hiciera lo suficiente para contrarrestar la delincuencia, que se dejaran de lloriqueos y que si no les gustaba la situación dejarán el país.
El proceso de urbanización, y, en particular la rápida urbanización, se erige como una de las causas de desempleo urbano, del crecimiento masivo de asentamientos (especialmente en zonas adyacente a las zonas pobres), así como también, por causa de la desaparición de la economía de subsistencia rural y de la red de apoyo social. La llegada a la ciudad, genera un aumento en las expectativas y genera una nuevas necesidades, como por ejemplo, la de hacerse con un teléfono móvil como símbolo de estatus o posiblemente como medio esencial de comunicación con los parientes que viven lejos o para la exploración de las oportunidades de empleo. Se genera en estas zonas urbanas un fuerte crecimiento de la privación relativa causada por el marcado y visible contraste entre los ricos y los pobres (por ejemplo, la diferencia entre las circunstancias económicas en Sandton y Alexandra en la provincia de Gauteng, que están básicamente separados por una carretera).
La ausencia de la economía de subsistencia y de la red de apoyo social (con frecuencia existentes en las zonas rurales) provocan un aumento de la pobreza absoluta en el medio urbano. Esto, hace que se den las circunstancias necesarias para la aparición de los delitos de necesidad a pequeña escala, como el allanamiento de morada o el robo con el fin de adquirir artículos de primera necesidad, como alimentos.
 Con todo esto, en las ciudades, sobretodo las que presentan mayores contrastes sociales y económicos (Johannesburgo y Ciudad del Cabo), aparecen los asentamientos informales, lugares presentes en espacios abiertos, sobretodo en la periferia. Estas zonas son extremadamente difíciles para la policía porque no existen direcciones fijas, ni nombres de calles, ni numeración de las casas, etc. El resultado es que la asistencia de cualquier tipo llega tarde. Así, por ejemplo, las personas suelen morir con bastante frecuencia por heridas producidas durante una pelea a causa de este retraso. Pero, no sólo es este el problema, también es extremadamente difícil y, a veces imposible, trazar la incidencia de la delincuencia en estas zonas y, por tanto, elaborar un mapa de criminalidad. La frecuente falta de calles y el alumbrado en los asentamientos informales ponen en peligro la seguridad y la libre circulación de las personas a todas horas, pero en particular después del anochecer. Esto convierte en un empresa de alto riesgo las patrullas de policía en esas zonas. La situación se ve agravada por el hecho de que el transporte público y los vehículos privados se enfrentan a la incapacidad de poder descargar a las personas y equipaje a la altura de sus hogares, tienen que caminar a través de oscuras callejuelas, con lo que facilita el ruin trabajo de indeseables ladrones y violadores. Las chozas o estructuras informales de estos asentamientos no proporcionan una protección adecuada contra los delincuentes, éstos, pueden fácilmente penetrar en esas estructuras (especialmente las ocupadas por familias en la que predominan mujeres, familias monoparentales y  familias compuestas sólo de niños) para robar, saquear, matar, asaltar o violar a los ocupantes.
 Estos asentamientos informales presentan una mayor probabilidad de atraer a una mayor concentración de personas que se suscriben a los siguientes criterios: los que acaban (o hace relativamente poco) de trasladarse a la ciudad desde las zonas rurales, las personas con niveles educativos más bajos que están menos capacitados para el trabajo en la ciudad, las personas que están en el paro, personas de origen extranjero, personas que están desnutridas y en malas condiciones de salud y, en general, aquellos que se sienten frustrados con la falta de asistencia que reciben del Gobierno y que consideran a los funcionarios gubernamentales (incluida la policía) como parte de su problema y no de la solución.
Por último, pero no menos importante, la falta total de deportes y otras instalaciones de esparcimiento y culturales, de entretenimiento tanto en los asentamientos informales como en las nuevas barriadas. Las personas, y los niños en particular, no tienen nada que hacer en ese entorno, su divertimento consiste en visitar tabernas, bares, regentar la calle, etc.

Los casos de Johannesburgo y Ciudad del Cabo
Aunque ciertamente, este apartado podría incluir otras ciudades, como Pretoria o Durban, donde los índices de criminalidad son también elevados, nos fijaremos en la capital, situada en la provincia de Western Cape, y en Johannesburgo, la conocida como la capital del crimen por los elevados porcentajes de delitos que se cometen en la ciudad más poblada del país.
Es innegable, el hecho de que muchas personas y autores de trabajos en la materia, relacionan cierto grado de criminalidad o delincuencia con determinados grupos de población. En el mapa 3, se muestran datos que, en primer lugar, vienen a demostrar que las  zonas más densas de la capital legislativa del país, son en las que se concentran un mayor número de delitos. Y, en segundo lugar, que según datos de la SAPS (South African Police Service), esas zonas más densas, se corresponden con zonas habitadas principalmente por población de ascendencia africana o mestizos. Obviamente, como ocurre en cualquier país, aquellas capas sociales de población de menores recursos económicos, con mayores tasas de desempleo, alfabetización, etc, son las que en principio más delinquen, aunque como ya vimos, otros factores históricos y de estructura urbana-política se añaden a la situación.
 
En el mapa 4, correspondiente a Johannesburgo, se da básicamente el mismo patrón que en Ciudad del Cabo, esto es, en las zonas habitadas por la población blanca y mayoritariamente rica, el número de delitos es el menor, recordemos que la población blanca suele vivir en urbanizaciones cerradas y constantemente vigiladas. En cuanto a la densidad, hay que decir que en Johannesburgo, los delitos se encuentran algo más repartidos o dispersos por la ciudad, mientras en la capital existía mayor grado de concentración.
Tanto Ciudad del Cabo, como Johannesburgo, vienen a representar en torno a un 6% del total de delitos que se cometen en todo el país (tabla 1) respectivamente (gráfica 2). No obstante, cabe mencionar, que a grandes rasgos, el resto, queda repartido también en áreas urbanas que principalmente vendrían a situarse al este de Sudáfrica, como Durban, Pretoria, Port Elizabeth, East London, Pietersburg, etc. Los niveles más bajos de delitos se hallan al oeste, zonas donde predominan los grupos de población blanca y mestiza.
Si analizamos los delitos con mayor relevancia en cuanto a su cantidad, observaremos que , en efecto, en los último tres años, existe una ligera disminución de algunos delitos en ambas ciudades como por ejemplo el robo en locales residenciales (gráficas 3 y 4). Sin embargo, si retrocedemos cinco años, hasta el 2001, apreciamos que algunos delitos, siguen rondando las mismas cifras en 2006 o incluso las superan. Así, los asaltos (tanto comunes como con agravantes) aumentaron. Las violaciones, se mantuvieron en Johannesburgo y aumentaron en Ciudad del Cabo. Mientras, los homicidios e intentos de asesinato descendieron suavemente en ambos núcleos urbanos.

Johannesburgo, conocida también como la “Ciudad del Miedo”, fue construida sobre el oro descubierto hace más de un siglo, es aún una máquina de hacer dinero, pero diez años después de la abolición del apartheid, la ciudad más próspera de Sudáfrica también continúa siendo también una urbe violenta y dividida (Godwin, 2004). El centro de Johannesburgo ha cambiado su aspecto en los últimos años. Ocupado en el pasado por empresas de los blancos, en los setenta, éstos se mudaron a las afueras y los negros accedieron así a la zona céntrica. En los noventa, los dueños desatendieron sus propiedades, los inversores se retiraron y la mayoría de blancos abandonó definitivamente la zona, con lo que el centro urbano se convirtió en un hervidero de delincuentes y gente pobre.
Johannesburgo se ha convertido también, en el refugio predilecto de una élite cosmopolita de africanos negros, la llamada waBenzi o tribu que conduce Mercedes Benz .
Cabe destacar un anécdota estadística importante que hace referencia a los datos de delitos en Johannesburgo. En julio de 2000, el Gobierno dejo de publicar las cifras correspondientes a los delitos, para volver a presentarlas al año siguiente con una clasificación distinta, una media pensada, según los críticos, para maquillar las malas noticias. De todas maneras, los titulares de los periódicos espeluznan: en las zonas peores se roba a una persona de cada tres anualmente. El asesinato en el conjunto del área metropolitana es de 60 víctimas por cada cien mil habitantes, una tasa, que triplica a la de la ciudad más peligrosa de los Estados Unidos, Chicago. En la actualidad, pocos turistas se detienen en Johannesburgo, prefieren viajar directamente a parques nacionales o a la costa.
Las oleadas de delincuencia en Johannesburgo, no son nuevas ni mucho menos. Desde su fundación en 1886 cuando se descubrió una roca ricamente veteada en oro, ha sido un lugar por lo menos inseguro. Tal descubrimiento resultó formar parte de una gruesa veta mineral de cien kilómetros de largo. En su centro, se estableció una excavación pública que fue bautizada como Johannesburgo, nombre del agrimensor. Pero todos los inmigrantes negros reclutados al más puro estilo de la esclavitud europea para trabajar en las minas la conocieron siempre como eGoli, la ciudad del oro.
En Johannesburgo, la situación de inseguridad ha llegado a tales niveles (72 atracos y 227 robos al día), que los comercios de particulares se ven obligados a contratar a guardias de alquiler. La violencia heredada de los tiempos del apartheid, junto con la pobreza y desigualdad actuales fomentan la anarquía. Para mayor desgracia de los ciudadanos de Johannesburgo, la corrupción policial se encuentra a la orden del día. En 1999 estaban siendo investigados 4374 miembros por esta causa, entorno a un 5% de toda la plantilla.

Conclusiones

Aunque en esta comunicación podría haber incluido datos sobre la mortalidad causada por la delincuencia y el crimen, el hecho de que la delincuencia en Sudáfrica marca a la sociedad no hubiera cambiado. Es decir, desde la primera línea he intentado reflejar el increíble contraste, que existe en Sudáfrica cundo hablamos de su economía a escala global, y el estado político y social real que se padece. Sudáfrica, tras haber analizado los datos que se han aportado, me parece cada vez más un país dentro de otro país. Un grupo de población blanco que parasita al resto de grupos, que se encierra en ciudades valladas, que explota las riquezas inagotables del país y, que sigue culpando a los negros de la involución social en las ciudades públicas. El apartheid, bajo mi punto de vista, es el hecho diferencial, que ha propiciado que la transición democrática en Sudáfrica se haya quedado a medias. Por su parte, los negros se han establecido mayoritariamente en las áreas más deprimidas, con menor cobertura gubernamental, social, policial, etc, zonas en las que la delincuencia, crímenes y el sida causa estragos en la población.
Geográficamente, Sudáfrica por su situación física, pero también económica, se ha convertido en un imán que atrae la inmigración de los países vecinos. Una población entrante, que se une a la miseria reinante entre el grupo de población negra mayoritaria, y que hace que aumente paulatinamente la inseguridad allí donde se concentran, los núcleos urbanos.

Bibliografía

GODWIN, P. Ciudad de miedo, Ciudad de esperanza. Johannesburgo. Revista National Geographic. RBA Revistas, S.A. Abril de 2004.
VV.AA. Geografía Universal. África. Tomo 12. Editorial Grupo Océano. Madrid. 1994.
VV.AA. Atlas National Geographic. Tomo 7. África II. Barcelona: RBA Coleccionables S.A. 2004.
VV.AA. Adult Mortality (Age 15-64) based on death notification data in South Africa : 1997-2004. Edita Statistics South Africa. Pretoria a 2006.
VV.AA. South Africa. Country profile. Drugs and crime. Edita Regional Office fro Southern Africa, United Nations Office on drugs and crime. Sudáfrica a 2002.
VV.AA. Victims of crime survey. Edita Statistics South Africa. 1999.

 Fuentes de la WEB

Crime Statistics. http://www.scribd.com/doc/21674/Crime-Statistics-Assaults
2001 Digital Census  Atlas. http://www.capegateway.gov.za/afr/directories/services/7299/74622
Nation Master (Estadísticas). http://www.nationmaster.com/graph/cri_tot_cri-crime-total-crimes
South Africa Police Service (SAPS). http://www.saps.gov.za/default.htm
Statistics South Africa. http://www.statssa.gov.za/

23 agosto 2010

Actividades Religiosas en los Estados Unidos de América. El nuevo panorama tras el 11-S.

Actividades religiosas en los EE.UU.
(El nuevo panorama tras el 11-S)


La aparición del culto y las religiones

A menudo, se hipotetiza que la aparición del culto (adoración de que son objeto algunas cosas) respondió a un cambio de ambiente, el ser humano pasó de la caza y la recolección al pastoreo, de esta manera, los antecedentes se pueden fijar en el Paleolítico (acaba hacia el 8000 a.C). El culto, estuvo tan extendido, que ninguna de las civilizaciones existentes durante esa época pudo ignorarlo : Cilicia, Anatolia, Persia, Irán, Elam, Transcaspia, Beluchistán, Egipto, Mediterráneo Oriental, etc.
            Ahora bien, en la evolución del culto, una simple adoración, surge en el Neolítico (civilización neolítica del Creciente Fértil) la religión como un sistema de creencias, preceptos, prácticas y rituales. Aunque existen religiones politeístas (reconocen varios dioses, como ocurría en Egipto, Grecia o Roma), en este artículo nos centraremos en el análisis e interpretación de las principales religiones que en la actualidad predominan en los EE.UU. (monoteístas, reconocen un solo dios, como el Islam). Debemos señalar, la dificultad inicial que el estudio de una institución humana, en este caso religiosa plantea. E.O. James (1956) apunta que esta dificultad procede de la falta de conocimientos y testimonios.

            Los indígenas norteamericanos

            Pertenecen a la raza de los mongoloides primitivos que atravesaron el estrecho de Bering entre 25 y 10 mil años antes de nuestra era, se extendieron a partir de China y Mongolia, pasando por Alaska, hasta el estrecho de Magallanes en una primera etapa. En una segunda fase, mongoloides ya de tipo avanzado (ojos de almendra) cruzaron de nuevo el estrecho y ocuparon la parte más septentrional de Canadá.
            La actividad religiosa que practicaban estos indígenas se enmarcaba, y todavía hoy persiste, en el ámbito de lo sobrenatural, las visiones para guiarse en la vida y orientar decisiones en la dirección grata a los espíritus.
            La entrada en contacto con los europeos supuso una rápida transformación : desde la drástica reducción de la población, a causa de enfermedades contagiosas y, por ser tierras no ocupadas por población cristiana eran anexionadas como si se trataran de tierras desiertas, fueron aniquilados en su mayoría y obligados a refugiarse en territorios cada vez de menor extensión y más pobres en recursos naturales.


Las guerras de exterminio más importantes contra los pueblos tribales, tal como señala Bodley (1975), tenían lugar generalmente con el propósito de desplazar a la población de su territorio para que los invasores pudieran trabajarlo en beneficio de lo que para ellos era la economía nacional. La justificación inmediata de tales acciones, así como de las expediciones de castigo, era, a menudo la necesidad de proteger a los colonos de los pillajes de los salvajes, o la de sofocar rebeliones tribales, o , simplemente, se considera que eran un modo rápido de <<extender la civilización y el progreso>>.
Las poblaciones indígenas fueron diezmadas –directa o indirectamente-, subyugadas políticamente y en ocasiones esclavizadas; las culturas autóctonas resultaron dislocadas y destruidas por la imposición de formas e instituciones europeas, del cristianismo sobre la diversidad de creencias y religiones. Bajo la estructura uniformadora de la administración colonial, frente a las ambiciones insaciables de los colonizadores, los pueblos indígenas lucharon por su supervivencia física y espiritual, en medio de una profunda crisis de identidad.

 La llegada de los europeos, se dibuja como una sucesión de oleadas migratorias. Los primeros inmigrantes, que provenían en la práctica totalidad de Inglaterra e Irlanda, se distinguían por su religión y aunque la inmensa mayoría era protestante, se enfrentaban los cuáqueros [1] y los baptistas a los congregacionistas; los mennonitas [2] dieron lugar a los más estrictos amish [3], y con la llegada de los escoceses aumentó considerablemente el número de los presbiterianos, que se convertirían en una de las congregaciones más importantes. Los metodistas, una escisión de la iglesia anglicana, crecieron de forma espectacular a fines del siglo XVIII y llegaron a ser la iglesia más importante a mediados del XIX. La religión de los mormones se origina en 1830 en el estado de Nueva York para establecerse a partir de 1846 en una comunidad junto al Gran Lago Salado, que siguió creciendo hasta nuestros días. Los católicos de origen irlandés, francés y alemán, en un principio se enfrentaron a la hostilidad manifiesta de los protestantes, pero cobraron fuerzas con las inmigraciones italianas. Con la últimas oleadas de inmigrantes, a finales del XIX principios del XX, cobró importancia la religión judía, sobre todo en la ciudad de Nueva York.




            Aunque no puede decirse que los creyentes de una misma religión o los originarios de un mismo país forman grupos étnicos, es importante, sin embargo, tener en cuenta que, en una situación de colonización, en la que coexisten la competencia de unos recursos y la inexistencia de pautas históricas de acceso a esos recursos, no es de extrañar que otros criterios de tipo religioso, de paisanaje, raciales o lingüísticos marquen las fronteras en que se identifican los distintos grupos en competición y que pueden cuajar en una auténtica identidad étnica, como con los chicanos, o disolverse en una identidad nacional dominante. En la década de 1890 el tribunal supremo declara EE.UU. como una nación cristiana.




No se puede olvidar el papel de la esclavitud en la actual configuración religiosa de los EE.UU., de esta manera, en el año 1790 los esclavos procedentes del continente africano en su mayoría constituían un 20% de la población. La población esclavizada, no era ni mucho menos cristiana, muchos habían sido arrancados de sus tribus o pequeñas poblaciones, embarcados rumbo a América del Norte para servir a los señores cristianos. A partir del fin de la guerra de secesión, en 1865, la esclavitud queda abolida. Se necesitaron bastantes décadas, para comenzar a divisar una plena emancipación de los antiguos esclavos, que cada vez más iban abandonando las plantaciones sureñas para recalar en las grandes urbes del noreste. Su presencia en gran número en ciudades exacerbó la hostilidad de los blancos de clases modestas por la competencia como artesanos y trabajadoresEn iglesias las congregaciones blancas se oponían a su presencia sometiéndolos a insultos y vejaciones. Así, los antiguos esclavos deciden crear sus propias Iglesias independientes.
La conversión de la población negra al cristianismo fue prácticamente impuesta a su llegada, y con el tiempo, los afro americanos han constituido un grupo religioso compacto dentro de la rama baptista.
Con una democracia bicentenaria, los EE.UU. han recorrido un largo camino hasta llegar a las cotas de libertad de las que goza en la actualidad. Los problemas de inmigración de Estados Unidos palidecen en comparación con los que Europa enfrenta. La mayoría de minorías étnicas en Estados Unidos – negros al igual que hispanos – son cristianos y la cultura dominante también está arraigada en el cristianismo. No obstante, a raíz de los atentados terroristas del 11-S, muchos autores se preguntan ahora dónde esta esa libertad. Así el Dr. Capel (La cosmópolis y la ciudad, 2003) apunta lo siguiente : “ El miedo generado por la inseguridad, incrementado después del 11 de septiembre, es un tema que se ha convertido en un argumento recurrente de políticos y medios de comunicación de masas. Cuando se relaciona con la inmigración, como a veces está ocurriendo, puede conducir a la xenofobia, y al racismo; y existe un peligro real de utilización de esos miedos por parte de los gobiernos en elecciones o ante la posibilidad de pérdida de poder”. Por tanto, y como analizaremos más profundamente con posterioridad, la religión sigue ocupando en la actualidad una función primordial, estructurando las sociedades en las que habita y ejerciendo unas cotas de poder que a la vista de la población más desfavorecida quedan semicamufladas.

           
Una breve geografía de las religiones en los EE.UU.

            
Como se ha mencionado anteriormente, la religión cristiana ocupa el primer puesto del ranking de las religiones profesadas en EE.UU. De los aproximadamente 285 millones de estadounidenses censados en 2001, en torno al 76% profesaban alguna de las ramas o subramas del cristianismo; teniendo en cuenta que mundialmente la cifra ronda el 33% de la población, Estados Unidos se constituye como uno de los grandes centros concentradores de fieles cristianos, sólo superado por Oceanía y Europa. Lejos de disminuir, vemos que el cristianismo sigue creciendo, y ese 76 % se ve ya ampliamente superado.

El apabullante dominio del cristianismo provoca un gran desequilibrio cuantitativo, pero cualitativamente, Estados Unidos quizá sea unos de los paradigmas de la convivencia de multitud de religiones en un estado. Dentro del cristianismo, existe una gran diversidad de ramas en donde católicos y baptistas [4] coronan la cima con alrededor de 120 millones de fieles en 2004.


La segunda religión más importante en los EE.UU. es el Judaísmo. Con entorno a 4 millones de fieles en 2004, en 2001 representaban el 1,3% de la población total del país. Nos llama la atención, en el caso del judaísmo, como han conseguido elevadas aspiraciones siendo un grupo tan reducido con respecto a los cristianos (tengamos en cuenta, que en el ámbito global, los judíos tan solo suponen un 0,22% del total de la población mundial). Más adelante, nos fijaremos en cómo el cristianismo y el judaísmo comparten un enemigo común, el islamismo[5]





Seguramente, el tercer grupo religioso más numeroso, sea también el más discordante dentro de la convivencia de religiones en los EE.UU. Los musulmanes, no superaban en 2004 la cifra de los 2 millones de fieles, no llegando a representar ni siquiera un 1% de la población. Los musulmanes, son en términos generales los representantes de los lugares más pobres y conflictivos del mundo, así, se concentran principalmente en el continente africano y Asia Occidental. En el mundo son la segunda religión en número de personas con un 21% de la población mundial.


Por último, comentaremos el grupo religioso del Budismo. En cantidad de fieles es equiparable en cifras al islamismo. El budismo fue introducido en los EE.UU. en los siglos XIX y XX, especialmente entre los pensadores liberales y peregrinos espirituales no tradicionales de Nueva Inglaterra. Según pasaron las décadas, se transmitió a grupos de artistas e intelectuales, y finalmente floreció entre estudiantes, académicos y hippies en los años 60, y desde entonces a la corriente principal, los estadounidenses blancos de clase media. Hoy hay muchos templos, monasterios y comunidades budistas en los EE.UU. Sin embargo, como veremos más adelante, su distribución espacial tiene un centro de gravedad claramente establecido en el Pacífico (Hawai y costa oeste).

La distribución espacial de los grupos religiosos

Si atendemos a la situación que por estados se refleja, la siguiente tabla nos dará un punto de mira en el que incluiremos el grupo de laicos:


La tabla de la distribución por estados sigue ofreciendo una clara situación de dominio cristiano. Si nos atenemos a estas cifras y a los mapas (por condados) que en páginas posteriores se mostrarán apreciamos lo siguiente : los católicos, la rama más importante del cristianismo en EE.UU. se distribuye principalmente en la costa noreste (sobretodo Connecticut, Massachussets, Rhode Island y Nueva York), en la costa oeste  y sur (California, Arizona, Nueva México, Texas y Lousiana); los baptistas, presentan una clara distribución hacia el sureste , sobretodo concentrándose en el valle del Mississippi; los luteranos [6] también presentan un carácter polarizador, pero en este caso en el centro norte de los EE.UU., las dos Dakotas y Minnesota. En este grupo, debemos comentar dos excepciones relacionadas con dos situaciones puntuales : el caso de Alaska, con tan solo un 31,8% de la población cristiana debido al predominio que en este estado ejercen los nativos y, el caso de Hawai, que como mencionaremos líneas más abajo, el budismo copa una buena parte de la población.
           
            En cuanto a los judíos, tienden a concentrarse (como muestra principalmente el mapa posterior) en grandes zonas urbanas, así observamos su mayor presencia en los estados de la costa este al norte (Nueva York, Massachussets, Connecticut,...), en el estado de Florida (condados de Palm Beach, Broward y Dade), en el de California ( condados de Los Angeles y San Francisco) y Nevada (condado de Clark).

            En el caso de los musulmanes, podemos establecer que presentan una mayor difusión o dispersión territorial, aunque ciertamente los estados con mayor población musulmana son California, Nueva York, Nueva Jersey, Washington DC. y Utah.

            Los budistas, son un caso especial. El mayor número de budistas en los EE.UU. hoy día se encuentra entre las poblaciones de inmigrantes de Asia: chinos, japoneses, tibetanos, indonesios, malayos y vietnamitas. La mayoría de los inmigrantes asiáticos practica el budismo de forma muy parecida a como los cristianos practican el cristianismo popular. El budismo Shin [7] llegó en los EE. UU a finales de los años 1900 con ondas sucesivas de inmigrantes japoneses, que sobre todo se concentraron en Hawai y California. Sin embargo, debido al racismo intenso consiguiente y más tarde, siendo encarcelados en Campos de Detención durante la Segunda Guerra Mundial en los años 1940, la religión Shin había guardado un perfil recóndito en la sociedad estadounidense. También constituyen un grupo significativo en los estados de Nevada, Oregón y Washington llegando a superar el 0,5% del total de la población.



            En último lugar, comentaremos el que podríamos considerar como segundo gran grupo cultural en los EE.UU. : los laicos. El grupo de población laica, llega a alcanzar porcentajes de población de hasta el 17% en estados como Oregón, de cualquier forma, es sintomático que a grandes rasgos, el mayor porcentaje de laicos lo encontremos en la costa oeste sobretodo. Estos estados presentan sin lugar a dudas la mayor diversificación de grupos religiosos, y como hemos podido observar, California es el ejemplo más evidente. Por otra parte estos estados fueron en su mayoría los últimos en ser adheridos a la Unión (por compra, cesión o anexión a México en el s.XIX).

Cartografía de las religiones





Las connotaciones raciales: afroamericanos, hispanos y asiáticos.




En el análisis de las religiones en los EE.UU., hemos de tener presente la relación que existe entre éstas y las diferentes etnias que residen en el país. De esta manera, afroamericanos, hispanos y asiáticos se constituyen como los tres grupos mayoritarios. Del total de la población estadounidense, actualmente rozando los 300 millones de habitantes, el 70 % son de raza blanca. Ésta, presenta los mayores valores de población en la parte septentrional del país, sobretodo al noroeste. Esta distribución se correlaciona positivamente con las áreas de dominio del catolicismo y luteranismo, es decir, la religión dominante.

            Por su parte, el grupo de afro americanos, ocupa principalmente la zona del sureste del país. Constituyen el 11% del total de la población y su distribución se relaciona de manera clara con la ocupación de la religión baptista (cristiana).
            El colectivo hispano, también llamados latinos, sobrepasa ya al de afro americanos con un 14% de la población total. Provienen principalmente de zonas donde domina el catolicismo como práctica religiosa común (latinoamericanos y españoles). En los EE.UU. su distribución es evidente en el suroeste del país, vía de entrada ilegal de los inmigrantes, aunque cada vez más se van extendiendo hacia el noroeste y centro. Este colectivo, viene a incrementar la cifra de católicos en los estados occidentales principalmente, Florida, la megalópolis Boswash [8] y el área del lago Michigan.
            En cuanto a la raza asiática, un 4% de la población estadounidense, su distribución responde a la proximidad con el continente asiático, así, la costa oeste es donde mayor porcentaje de asiáticos encontramos además de, en el estado de Florida y de nuevo la megalópolis Boswash. Como se ha apuntado anteriormente, los budistas en EE.UU. están estrechamente relacionados con la población de origen asiático, no obstante, esto no quita que parte de los mismos practiquen otro actividad religiosa.

            En último lugar, comentar el caso de los nativos americanos, en donde tendríamos los indios americanos y los nativos de Alaska. Superan el 1% del total de la población de país. Evidentemente, está claro donde predominan los nativos de Alaska, pero en el caso de los indios americanos, se observa un dispersión por el oeste tanto al norte como al sur, y, una concentración significativa en el centro del país, especialmente en el estado de Oklahoma.


De un tiempo a esta parte




No se puede negar el papel fundamental de las religiones a la hora de definir las sociedades, si acaso mucho más evidente antaño y espectacularmente puesto de relieve a partir de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Cuando decimos que la religión posee dicha función definidora, no tan solo hacemos referencia al ámbito de lo más doméstico, sino a la relaciones de poder que se establecen entre religión y política. Esta relación no es nueva, pero cobra una relevancia fundamental cuando la primera potencia mundial (los Estados Unidos de América), potencia cristiana, entra en guerra con el mundo del Islam. La distinción entre lo religioso y el poder político es, sin lugar a dudas, más antigua de lo que se piensa, sin embargo, la separación entre ambas es rara pero sobretodo reciente (Tarot, C., 2000).

            En los EE.UU., es imposible desligar la política de la religión, van estrechamente unidas. Tanto es así que de los 42 presidentes de EE.UU. anteriores al actual, el 100% fueron cristianos. Paradójicamente, ha sido la rama episcopaliana [9], una de las minoritarias (1,7% de la población) con 11 presidentes (más de un 25% del total)  la que mayor representación ha obtenido, con nombres como George Washington, F.D. Roosevelt o Bush padre. En el extremo opuesto el catolicismo, la modalidad cristiana mayoritaria (25% de la población), con tan solo un representante en toda la historia, J.F. Kennedy. El actual presidente, G.W. Bush, pertenece a la rama metodista [10] del cristianismo, en el año 2000 declaró que Jesucristo era su filósofo preferido porque había cambiado su corazón. En las últimas elecciones de 2006 un cuarto de los votantes se declararon blancos evangélicos, de estos, un 70% votó republicano, de los tres cuartos restantes el 60 % votó demócrata. Los republicanos no pueden ganar sólo con los evangélicos (los evangélicos siguen siendo de los pocos grupos norteamericanos que siguen apoyando la presencia en Irak con consistencia y seriedad), pero los necesitan absolutamente para alzarse con la victoria. De esta manera, vemos con claridad que política y religión juegan papeles que van más allá del propio país, configuran acciones de carácter exterior influenciadas por una religión dominante interna, el cristianismo.
           
            Por otro lado, nos surgen las siguientes preguntas: ¿quién controla a quién?, ¿existe un equilibrio en la relación entre política y religión?, ¿sería apropiado creer que un dominio de la religión en las sociedades supondría un retroceso de las mismas?. Parece obvio pensar que en la actualidad, la política se encuentra en la cúspide jerárquica del poder –sin olvidar que va de la mano con las grandes multinacionales, esto es, política y economía inseparables-, y que con el paso de los siglos, la religión ha ido perdiendo terreno a favor de la primera. No obstante, algunos autores, como Samuel P. Huntington (“El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, 1993) ven como principal problema para el siglo XXI la lucha de religiones, no la lucha o confrontación entre diferentes modalidades políticas. Huntington afirma que <<con las civilizaciones rivales, el Islam y China, Occidente es probable que tenga siempre relaciones tensas y a menudo muy antagónicas>>. Sin duda, la obra de Huntington es muy complaciente con los EE.UU., valorándolos como el paladín de la democracia y omitiendo su apoyo a dictaduras corruptas (Capel, 2003). Pero incluso con estas apreciaciones críticas, Huntington subraya algo de crucial importancia al afirmar que <<espoleada por la modernización, la política global se está reconfigurando de acuerdo con criterios culturales; los pueblos y países con culturas semejantes se están uniendo; los pueblos y países con culturas no semejantes se están separando>>.
            Podemos establecer en la actualidad, que una sociedad ha evolucionado positivamente cuando existe una convivencia real de las religiones y el resto de aspectos que pueden definirla (educación, sistemas políticos democráticos, sociedades del bienestar, etc). En este sentido, antes de este paso, ocurre en la mayoría de casos que dentro de las propias religiones existen fricciones internas que llevan al enfrentamiento entre ortodoxias y heterodoxias en el seno de una misma religión. Podemos recordar los casos del Cristianismo con enfrentamientos en la edad media y las guerras de religión acaecidas en la reforma protestante del siglo XVI, o como en el Islam con las profundas diferencias entre sunitas [11] –el 87% del total de musulmanes- y chiítas [12] –en torno 11’5%- o como por ejemplo en el judaísmo con las actuales diferencias entre los más tolerantes y los ultra ortodoxos. De este modo, tenemos un país como EE.UU., en el que conviven de manera necesaria todo un gran abanico de religiones (tema aparte merecería el caso de las sectas), donde la religión dominante cristiana ha superado ya antiguas discordancias en su seno pero donde otras siguen en continua batalla.
           
            Tres religiones parecen enfrentarse sobretodo en el panorama mundial, el cristianismo, el judaísmo y el Islam (Capel, 2003). Este enfrentamiento no presenta tres contendientes, básicamente se trata de posturas cristianas y judías frente a las islámicas. Por decirlo de otra manera, es el islamismo, arropado por estados enriquecidos con petrodólares el que ha reiniciado la “guerra santa”. Unas minorías que han desembocado en un toma de posición que reivindica de manera agresiva la verdad de “El Corán” por encima de cualquier otra creencia o tradición cultural y religiosa (L.A. González, 2001). Lo que los sucesos del 11-S añadieron es que el choque entre culturas y entre religiones ya no se realizaba en las fronteras exteriores, sino en el mismo territorio norteamericano, haciendo de pronto visible a escala mundial lo que estaba sucediendo en otros países como Indonesia, Filipinas o Sudán (Capel, 2003). Este islamismo, pese a representar una minoría en el mundo musulmán se ha convertido en la actualidad en uno de los focos principales de violencia terrorista a escala planetaria. Desde los grandes atentados perpetrados en lugares estratégicos occidentales (Torres Gemelas-Pentágono, Madrid, Londres, Israel) y asiáticos (Bali), hasta los no menos escalofriantes atentados casi diarios en Irak o Afganistán, donde EE.UU. inició guerras “preventivas”.
           
Después de los ataques del 11-S la agenda internacional y doméstica del gobierno estadounidense tiene al terrorismo como principal argumento para definir una política, determinar un curso de acción, o explicar y justificar prácticamente cualquier medida (K.  DerGhoukassian, 2004). El terrorismo islamista presenta así una variedad de contextos de influencia global, donde destacan el político y el religioso, con repercusiones evidentes en el sistema económico. Esta nueva forma de terrorismo suicida globalizado no viene sino a afirmar la clara relación que existe entre la política y la religión, y, por otro lado, la impotencia de EE.UU. para encontrar una solución al conflicto.
Desde el año 622 d.C hasta nuestros días, las relaciones entre las religiones monoteístas han sido complejas, pero no siempre de confrontación. Aunque lamentablemente, si se hace un estudio histórico, ésta ha prevalecido. El Islam ha sido estudiado como fenómeno religioso, teológico o incluso civilizacional, pero pocas veces desde el punto de vista político ( Gustavo de Arístegui, 2004). Es evidente que en general, se confunde el islamismo radical con el todo que configura el Islam, al igual que a nadie se le escapa a pensar que al Islam le falta llegar al proceso de secularización. No obstante, el terrorismo islámico, intenta hacerse hueco mediante el miedo entre los musulmanes, no debemos olvidar, que este terrorismo, en primer lugar actúa dentro del Islam –atentados en Irak, Afganistán, Marruecos, Algeria,...-, a fin de conseguir la unión del pueblo musulmán –reinstauración del califato que abolió Ataturk en 1924-  y así, poder pasar al siguiente objetivo : reconquista de territorios que alguna vez pertenecieron al Islam (como Al Andalus) y dominar al Occidente mundial. Podríamos establecer multitud de causas por las que el islamismo radical lleva a cabo acciones terroristas, pero aún así,  basta con decir que es otro estilo de nazismo, imponer su verdad a los demás.

            Como punto final, cabe preguntarse, hasta qué punto los geógrafos pueden dar solución al problema que aquí se ha planteado. Un problema con claras repercusiones espaciales y sociales. Tal vez sea difícil tratar de entender porque existen personas preparadas a morir por cuestiones de religión, y muchos pensarán que es falta de educación, otros pensarán que es exceso de fanatismo, algunos aludirán al choque inevitable de civilizaciones, etc. Sea como fuere, la religión es uno de los grandes temas a tratar en el futuro. Con la globalización, las sociedades se ven obligadas cada vez más a convivir con diferentes culturas y sus religiones. EE.UU. representa un buen ejemplo de cómo internamente ha sabido encajar las piezas del puzzle democrático para dar cabida a cualquier expresión religiosa que se adecue a las normas de la convivencia y a su carta magna, pero a la vez constituye un mal ejemplo de respuesta ante la realidad religiosa, política y económica del mundo exterior a él. Aunque puedan existir problemas religiosos internos en los EE.UU., es el momento de mirar de concentrar nuestros estudios e interpretaciones en la nueva situación creada a partir de los atentados del 11-S, porque aquello que sucedía en las fronteras exteriores se ha trasladado, y presenta ahora una ubicuidad pasmosa. La religión ha pasado de ser un elemento de unión interna de diferentes grupos sociales a convertirse en arma arrojadiza contra otras religiones, un terrorismo al servicio del Islam y un ojo por ojo llevado a su extremo desde posturas cristianas.

Anotaciones


[1] Individuos pertenecientes a una secta fundada por G.Fox, en el siglo XVIII; rehúsa todo culto externo y toda jerarquía; rechaza el juramento y el servicio militar, y práctica el altruismo.
[2] El origen espiritual de los mennonitas se remonta al año de 1117, cuando en Lyon, Francia un grupo de creyentes reformistas se reunieron alrededor de Petrus Waldnus quien rechazaba la doctrina del purgatorio y enseñó las doctrinas de Cristo del Nuevo Testamento, enseñó también el amor como un verdadero ejemplo del cristianismo y un medio contra la violencia. La secta fue conocida por diferentes nombres y aunque fueron expulsados por el Papa en 1134 siguieron transmitiendo sus creencias y cultos por generaciones.
[3] Los amish son una agrupación religiosa cristiana de origen anabaptista, notables por sus restricciones en cuanto al uso de algunas tecnologías modernas, tales como los automóviles o la electricidad. Son alrededor de 200.000 personas, principalmente en 22 asentamientos en los Estados Unidos de América y en Ontario, Canadá. Son un grupo cultural y étnico fuertemente unido, descendiente de inmigrantes predominantemente suizos de habla alemana. Creen literalmente en el Nuevo Testamento y se aíslan del mundo exterior, defienden el pacifismo y la vida sencilla.
[4] Doctrina religiosa protestante cuya idea esencial es que el bautismo solo debe ser administrado a los adultos.
[5] Conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma.
[6] El luteranismo o Iglesia Luterana es el movimiento religioso cristiano protestante (Protestar contra lo erróneo que estaba establecido) fundada institucionalmente por el monje alemán Martín Lutero (1483-1546). En el luteranismo, se cree en Jesucristo como su fundador espiritual, Dios uno y trino (Santa trinidad), es decir: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. La certidumbre bíblica que tuvo de que Dios no nos juzga por nuestras obras buenas, sino más bien por nuestra fe, proporciona a Lutero la base fundamental de su pensamiento.
[7] El Budismo Shin es practicado en Japón y en Occidente. El Budismo Shin fue iniciado por Shinran (1173-1263) en Japón. Su fundamento es La Tradición de la Tierra Pura de Honen (1133-1212). Shinran desarrolló en sus enseñanzas que manteniendo la fe en Amida Buda se asegura la iluminación. En sus prácticas religiosas, particularmente al recitar el nombre de Buda, expresan gratitud más que purificación.
[8] Megalópolis de Boswash. Extendida desde New Hampshire a Virginia, incluyendo las áreas metropolitanas de Nueva York, Filadelfia, Baltimore y Washington. Alberga en un 2 por 100 del territorio nacional el 20 por 100 de la población y Gottmann la define como "la calle mayor de las finanzas y empresas del mundo moderno".
[9] La Iglesia Episcopal en los Estados Unidos de América o la Iglesia Episcopal Protestante de los Estados Unidos de América es la iglesia nacional estadounidense de la Comunión Anglicana que comprende 108 diócesis dentro de los Estados Unidos. Fue fundada en 1789 a raíz de la proclamación de la independencia por parte de las Trece Colonias Americanas. Con anterioridad a la Guerra de Independencia, la Iglesia Episcopal era parte de la Iglesia de Inglaterra a cuyo clero se le exigía aceptar la supremacía del monarca británico.
[10] El metodismo o movimiento metodista es el nombre que se da habitualmente a un numeroso y diverso grupo de denominaciones cristianas del Protestantismo. Históricamente, el metodismo se originó en la Gran Bretaña del siglo XVIII y gracias a la vigorosa actividad misionera que desplegó se extendió rápidamente por los dominios del Imperio Británico, los Estados Unidos de América y más allá. Para el 2006 se calculan en unos 75 millones sus miembros en todo el mundo.
[11] Si bien la umma es la comunidad de creyentes del Islam, los sunníes son más ortodoxos y se rigen por una interpretación rigurosa de las fuentes sagradas. Surgieron a raíz de las disputas sucesorias tras la muerte de Mahoma. La rama sunita se convirtió en la más extendida y aglutina al 90% de los musulmanes.
[12] Los chíies reconocen igualmente el Corán o la sunna pero confían más en la interpretación de autoridades religiosas como los imanes o los mulás. La rama chií se concentra actualmente en países como Irán, donde es mayoritaria; Irak o Bahrein, donde congrega a dos tercios de la población, o el Líbano, donde supera a la sunita, además de contar con algunos grupos repartidos por el resto de países musulmanes.

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